A partir de enero de 2008, Desde el incendioentra en un receso indefinido, al igual que Marcalibros. Debo dirigir gran parte de mi energía a una nueva tarea. Muchas, muchas gracias a quienes han estado participando en este diálogo. Espero encontrarlos a todos de nuevo.
Los comentarios que lleguen seguirán moderándose.
7.1.08
17.12.07
Aportes: Bernard Henry-Levi dice que Chávez no es de izquierda
(esto viene del diario argentino La Nación, un exponente de la derecha de allá pero que es un buen periódico, aunque no mi favorito en su país).
Domingo 9 de diciembre de 2007
Bernard-Henri Levy:
"La izquierda está enferma de derechismo"
El rechazo a Estados Unidos, a la Unión Europea y al liberalismo han enceguecido a una izquierda fascinada por una nueva tentación totalitaria, afirma el filósofo francés
Nacido en 1948 en la región francesa de Argelia, Bernard Henry-Levy se trasladó con su familia a Francia en 1954. Se formó en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París y tuvo como profesores a Jacques Derrida y Louis Althusser. Su último libro Conocido como BHL, integra la generación de los llamados "nuevos filósofos" franceses que critican los dogmas de la izquierda radical surgida de Mayo del 68. Su último libro se titula Ese gran cadáver caído de espaldas , frase utilizada por Sartre para calificar a la izquierda en 1960.
PARIS
¿Por qué ser fiel a una izquierda que se derrumba? ¿Por qué negarse a cruzar la frontera ideológica y pasarse con bandera y banda al sarkozismo triunfal, como hicieron muchos de sus amigos? Esas preguntas sirven de hilo conductor al filósofo francés Bernard-Henri Lévy para hacer un balance sin concesiones del estado de la izquierda en Francia y tratar de identificar las razones de la derrota socialista en las elecciones presidenciales de abril y mayo pasados. El más célebre, el más mediático de los llamados "nuevos filósofos", responde a esos interrogantes en su reciente libro Ce grand cadavre tombé à la renverse ("Ese gran cadáver caído de espaldas"), fórmula utilizada por Jean-Paul Sartre para calificar a la izquierda cuando escribió el prefacio del libro Aden Arabie, de Paul Nizan, en 1960. Solicitado por Nicolas Sarkozy para que publicara un artículo de apoyo a su candidatura durante la reciente campaña electoral –como habían hecho André Glucksmann y Alain Finkielkraut–, Lévy confiesa haber explicado al entonces candidato presidencial que, "a pesar de la amistad que los une" desde 1983, le resultaba imposible apoyarlo. "Después de todo –argumentó–, la izquierda sigue siendo mi familia." A partir de esa conversación, BHL –como se lo conoce en Francia– se lanza a un meticuloso análisis interior con el fin de descifrar sus razones más íntimas para ser de izquierda. Desfilan así imágenes, acontecimientos y reflejos que marcaron su vida, transformándose en elementos constitutivos de su personalidad: mayo de 1968, el escándalo Dreyfus, la guerra de España, el anticolonialismo, el antisemitismo –que no consigue separar del antirracismo– y la libertad, que no consigue separar de la igualdad. Pero la parte más importante del libro quizás sea la última, donde hace un balance de "ese campo de ruinas" en que se ha transformado la izquierda actual. Es verdad –afirma–, la izquierda rompió con la versión clásica de la tentación totalitaria, "el socialo-comunismo". Pero de esas ruinas apareció otra tentación totalitaria que ya no se inspira en la extrema izquierda, sino en la derecha, incluso en la extrema derecha. Para Bernard-Henri Lévy, la izquierda está enferma. Es víctima de su fascinación por la nación y la bandera, de su antieuropeísmo, de su antinorteamericanismo, de su antiliberalismo, de su antisemitismo, de su fasci-islamismo… "La izquierda está enferma de derechismo, ésa es la verdad", resumió en una entrevista exclusiva con LA NACION en París.
–¿Usted no cree que pedirle a la izquierda que esté a favor del liberalismo y de Estados Unidos es como querer demostrar la cuadratura del círculo?
–De ninguna manera. En lo que atañe al liberalismo, debo recordarle que el liberalismo es patrimonio de la izquierda. El liberalismo es Jacobo Rousseau y su contrato social, Adam Smith o John Locke. Como diría Benedetto Croce, es necesario distinguir entre liberalismo y liberismo.
El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado desregulado. Por el contrario, el liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas. El liberalismo no es el mercado, es el contrato.
–Cuando los altermundialistas y otros sectores de izquierda que usted denuncia con energía acusan al liberalismo de todos los males, quizás se refieren al ultraliberalismo.
–Pero entonces que lo digan. ¿Por qué no lo dicen? Que digan que están contra el ultraliberalismo y que quieren arrancarle el buen liberalismo a la derecha. Que quieren reivindicar su herencia. Que digan cómo harán para volver a ponerlo de pie. Mi maestro, Louis Althusser, decía que el gran genio de Marx fue tomar la dialéctica hegeliana, concepto reaccionario, y ponerlo nuevamente de pie. En Francia tenemos cantidad de cretinos que dicen que la nación, la seguridad, la bandera y Juana de Arco -conceptos reivindicados por la derecha- pertenecen también al patrimonio de la izquierda. Pero, entonces, ¿cómo es posible que, tratándose de algo tan importante como el liberalismo, no hagan el mismo trabajo? ¿Que no sean capaces de distinguir entre Silvio Berlusconi y las tres revoluciones fundadoras del modernismo [la inglesa, la norteamericana y la francesa]? Hacer ese trabajo es competencia de una izquierda crítica. Criticar quiere decir separar lo bueno de lo malo. Pero, la izquierda radical, los altermundialistas, todos aquellos que apoyan a Hugo Chávez y a Evo Morales, se declaran antiliberales, no antiultraliberales. Si les resulta difícil esa palabra, que encuentren otra. La verdad es que hay algo en la idea misma de libertad que les da miedo y que detestan. Ese miedo fue el que produjo a Castro ayer y a Chávez hoy.
-¿Usted no cree que Chávez sea de izquierda?
-Naturalmente que no. ¿Cómo puede ser de izquierda un hombre que ejerce un poder personal, que sueña con que ese poder sea vitalicio, que amordaza a los medios de comunicación de su país, que está sentado sobre una montaña de oro que su población no aprovecha y que es el aliado de Ahmadinejad en la guerra planetaria que libran los demócratas y los antidemócratas. Hay actualmente una izquierda que piensa que Chávez es de la familia, el niño turbulento de la familia. Yo no. Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario.
-¿Y no se siente solo en ese planeta de la izquierda ideal? Porque una cosa es lo que uno quisiera y, otra, lo que es en realidad.
-No me importa. Me siento solo con Ingrid Betancourt, con Vaclav Havel, con Huber Matos, con Barak Obama, con una parte de la izquierda argentina que se reconocerá en lo que digo y que debe de estar negándose a verse embanderada junto a Chávez.
-En cuanto a la necesidad de una izquierda pro norteamericana Es posible que su análisis sea adecuado para Francia. Pero, ¿qué decir de América latina, donde Estados Unidos ha hecho y deshecho a su antojo en tantas ocasiones?
-El caso no es el mismo que en Francia, es verdad. Sin embargo, se puede decir cualquier cosa de Estados Unidos, y Dios sabe si yo he criticado algunas desviaciones de ese país que me erizan: Bush, el creacionismo, el conservadurismo duro Pero Estados Unidos también es un país donde las instituciones democráticas, la prensa, la opinión pública funcionan en forma ejemplar. Un presidente norteamericano jamás podría haber tratado de dar marcha atrás sobre el arrepentimiento de los crímenes históricos cometidos por Francia, como hizo Sarkozy con el colonialismo. La reacción ante Abu Ghraib fue inmediata. En tres días, toda la prensa norteamericana, incluido Fox News , hizo su mea culpa. Todos hablaron de la bancarrota del Estado durante el huracán de Nueva Orleáns. Pero nadie mencionó la solidaridad de la gente. No sólo de Hollywood, sino de los rednecks de Texas, que acogieron a los negros, víctimas de Katrina. Eso es Estados Unidos. No se puede afirmar que es la casa del diablo. Es el país de una mala política, de una corriente conservadora que me provoca escalofríos en la espalda, pero es un país formidable, un país que tiene recursos institucionales y democráticos que merecen ser tomados como ejemplo, por lo menos en Francia.
-Volvamos al comienzo de su libro, donde cuenta la llamada telefónica que le hizo el candidato Sarkozy para que usted se sumara a las figuras de izquierda que lo apoyaban. ¿Cómo es posible que usted haga en esas páginas un retrato tan feroz del actual presidente y, sin embargo, siga afirmando que es su amigo?
-Porque la amistad es una cosa y la política es otra. La diferencia entre Sarkozy y yo es que yo sé reconocer la diferencia entre la proximidad amistosa y las distancias ideológicas, y él no. Sarkozy cree que es suficiente ser amigo para estar de acuerdo. Yo creo lo contrario.
-Pero, ¿es posible discutir con él?
-Ese día no pude, es verdad. Pero conozco a Sarkozy desde 1983. Lo conozco bien y hemos discutido con frecuencia. Ese día, se encontraba en la fase ascendente de su campaña, estaba acelerado y, en efecto, era incapaz de discutir. Pero, ¿usted cree que hago un retrato feroz?
-Sí. Cuando cuenta que Sarkozy le dice "y cuándo me vas a hacer tu papelito en la prensa como Glucksmann", lo hace de un modo tan despreciativo que el lector se pregunta cómo es posible que usted no reaccione.
-Yo reacciono: no voto por él.
-Usted no vota por él y además escribe el libro. Pero, no es sólo esa conversación sino que, a medida que avanza la escritura, lo demuele cada vez más.
-Porque a medida que avanza la campaña, Sarkozy me consterna cada vez más. Sarkozy hizo una campaña de extrema derecha: sobre la necesidad de que Francia deje de arrepentirse por los crímenes cometidos durante el régimen de Vichy y el colonialismo, sobre la herencia de Mayo 68. Como él los manejó todos esos y otros muchos temas me resultaron insoportables.
-¿Cuáles son para usted las cualidades del presidente francés?
-La energía, la vitalidad, la voluntad de reformar a Francia: las 35 horas, los regímenes especiales y las universidades, todo eso va en la buena dirección. En política exterior también suele ir en el buen sentido. Pero no cuando recibe a Hugo Chávez y le hace el regalo de un reconocimiento de Estado absolutamente injustificado. No cuando vende centrales nucleares civiles a Muammar Khadafi. Pero hay otros aspectos en los que ya hizo un buen trabajo: en la reconciliación con Estados Unidos, en la amistad con Israel, en la ruptura con la política árabe de la cancillería francesa.
-¿Vio a Sarkozy después de la publicación del libro?
-Sí.
-¿El presidente le dijo algo?
-Nada. Pero sé que está furioso.
-Hablando de Glucksmann, usted califica su gesto de adhesión de "valiente". ¿Por qué? ¿Lo comprende?
-No, la verdad es que no lo comprendo muy bien. No comprendí que lo haya hecho en ese momento. El papel de un intelectual no es el de manifestarse tan rápido. El papel de un intelectual es el de pronunciarse, pero lo más tarde posible, después de haber obtenido lo máximo. Dándose tiempo, Glucksmann podría haber obtenido aún más sobre los temas que le interesan: la causa chechena, la amistad con Estados Unidos, etc. Por eso no comprendo. Lo llamé y se lo dije.
-¿Cree, en todo caso, que el papel de los intelectuales es el de estar "a favor" del rey o del poder?
-No. Ni creo ni comprendo. Yo jamás estuve con un gobierno. Fui amigo de François Mitterrand. El fue testigo de mi boda exactamente un año antes de ganar las elecciones de 1981. Lo primero que hice el día de su victoria fue entrar en oposición. Fui amigo de Sarkozy durante 24 años. Lo primero que hice cuando llegó al Elíseo fue pasar a la oposición. No entiendo por qué hay intelectuales que hacen lo contrario.
-¿Cómo interpreta el gesto de esos otros socialistas -y amigos suyos-, como el actual canciller Bernard Kouchner, que decidieron engrosar las filas sarkozistas?
-No lo sé. Hay numerosas interpretaciones posibles. Quizás crean que podrán influir en el curso de los acontecimientos.
-¿Sarkozy es alguien fácil de convencer?
-Por supuesto que no. Sinceramente, no estoy demasiado impresionado por las realizaciones de Kouchner en su ministerio. Creo que podría haber sido mucho más útil en la oposición que en el gobierno.
-Leí en una entrevista que le resultaba simpática la forma que tiene Sarkozy de hablar de amor.
-Sí, me parece emocionante la forma que tenía de decir públicamente que amaba a su mujer.
-Es verdad. Un hombre que ejerce el poder parece humanizado por ese sentimiento.
-Quizás demasiado. Porque se pone en peligro físicamente. Sarkozy se expone demasiado. Hay una teoría, la "teoría de Kantorowicz", sobre los dos cuerpos del rey. Según esa teoría, un presidente tiene dos cuerpos, uno profano y uno sagrado. Así se gobierna: el cuerpo profano está muy cerca de la gente y el sagrado muy lejos. El poder se ejerce en el equilibrio entre ambos cuerpos. El problema de Sarkozy es que hay demasiado cuerpo profano y poco cuerpo sagrado. Esto tiene que ver con esa ambigüedad entre república y monarquía que es Francia, donde es necesario encontrar un equilibrio entre distancia y proximidad, entre la sacralidad del poder y su materialidad. Tuvimos presidentes que iban demasiado lejos en un sentido, como Mitterrand, y otros que van demasiado lejos en el sentido inverso, como Sarkozy.
-¿Usted se refiere a esa tendencia populista de Sarkozy que tantos le critican?
-Lo que más debería preocupar de Sarkozy, en realidad, es que se trata de un verdadero hombre de derecha. Cuando dice basta ya de arrepentirse públicamente por Vichy [la colaboración con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial] o por la colonización, es auténticamente sincero. Y eso me hiela la sangre.
-Pero un 54 por ciento de los franceses lo votaron sobre esas bases. ¿No cree que Francia es muy en el fondo un país xenófobo, con frecuencia racista y, como decía Mitterrand, muy conservador?
-Sí. Pero había en este país un proceso de reflexión, sobre todo en cuanto a nuestro papel en el marco del colonialismo. Por el contrario, la campaña de Sarkozy, con su negativa a arrepentirse de las faltas cometidas, sirvió para paralizar ese proceso de toma de conciencia. Un país que no tiene vergüenza es un país perdido. Se puede perdonar, pero no olvidar. La vergüenza es un gran sentimiento humano. Yo reivindico dos grandes categorías políticas: la vergüenza y la melancolía.
-¿Melancolía de qué?
-De un cielo vacío. Porque ya no basta mirarlo para encontrar los planos de la Jerusalén celeste.
Por Luisa Corradini Para LA NACION
Domingo 9 de diciembre de 2007
Bernard-Henri Levy:
"La izquierda está enferma de derechismo"
El rechazo a Estados Unidos, a la Unión Europea y al liberalismo han enceguecido a una izquierda fascinada por una nueva tentación totalitaria, afirma el filósofo francés
Nacido en 1948 en la región francesa de Argelia, Bernard Henry-Levy se trasladó con su familia a Francia en 1954. Se formó en la prestigiosa Escuela Normal Superior de París y tuvo como profesores a Jacques Derrida y Louis Althusser. Su último libro Conocido como BHL, integra la generación de los llamados "nuevos filósofos" franceses que critican los dogmas de la izquierda radical surgida de Mayo del 68. Su último libro se titula Ese gran cadáver caído de espaldas , frase utilizada por Sartre para calificar a la izquierda en 1960.
PARIS
¿Por qué ser fiel a una izquierda que se derrumba? ¿Por qué negarse a cruzar la frontera ideológica y pasarse con bandera y banda al sarkozismo triunfal, como hicieron muchos de sus amigos? Esas preguntas sirven de hilo conductor al filósofo francés Bernard-Henri Lévy para hacer un balance sin concesiones del estado de la izquierda en Francia y tratar de identificar las razones de la derrota socialista en las elecciones presidenciales de abril y mayo pasados. El más célebre, el más mediático de los llamados "nuevos filósofos", responde a esos interrogantes en su reciente libro Ce grand cadavre tombé à la renverse ("Ese gran cadáver caído de espaldas"), fórmula utilizada por Jean-Paul Sartre para calificar a la izquierda cuando escribió el prefacio del libro Aden Arabie, de Paul Nizan, en 1960. Solicitado por Nicolas Sarkozy para que publicara un artículo de apoyo a su candidatura durante la reciente campaña electoral –como habían hecho André Glucksmann y Alain Finkielkraut–, Lévy confiesa haber explicado al entonces candidato presidencial que, "a pesar de la amistad que los une" desde 1983, le resultaba imposible apoyarlo. "Después de todo –argumentó–, la izquierda sigue siendo mi familia." A partir de esa conversación, BHL –como se lo conoce en Francia– se lanza a un meticuloso análisis interior con el fin de descifrar sus razones más íntimas para ser de izquierda. Desfilan así imágenes, acontecimientos y reflejos que marcaron su vida, transformándose en elementos constitutivos de su personalidad: mayo de 1968, el escándalo Dreyfus, la guerra de España, el anticolonialismo, el antisemitismo –que no consigue separar del antirracismo– y la libertad, que no consigue separar de la igualdad. Pero la parte más importante del libro quizás sea la última, donde hace un balance de "ese campo de ruinas" en que se ha transformado la izquierda actual. Es verdad –afirma–, la izquierda rompió con la versión clásica de la tentación totalitaria, "el socialo-comunismo". Pero de esas ruinas apareció otra tentación totalitaria que ya no se inspira en la extrema izquierda, sino en la derecha, incluso en la extrema derecha. Para Bernard-Henri Lévy, la izquierda está enferma. Es víctima de su fascinación por la nación y la bandera, de su antieuropeísmo, de su antinorteamericanismo, de su antiliberalismo, de su antisemitismo, de su fasci-islamismo… "La izquierda está enferma de derechismo, ésa es la verdad", resumió en una entrevista exclusiva con LA NACION en París.
–¿Usted no cree que pedirle a la izquierda que esté a favor del liberalismo y de Estados Unidos es como querer demostrar la cuadratura del círculo?
–De ninguna manera. En lo que atañe al liberalismo, debo recordarle que el liberalismo es patrimonio de la izquierda. El liberalismo es Jacobo Rousseau y su contrato social, Adam Smith o John Locke. Como diría Benedetto Croce, es necesario distinguir entre liberalismo y liberismo.
El verdadero liberalismo nunca defendió la ley de la jungla o el mercado desregulado. Por el contrario, el liberalismo exige reglas, pactos, obligaciones que enmarcan la relación de las fuerzas económicas. El liberalismo no es el mercado, es el contrato.
–Cuando los altermundialistas y otros sectores de izquierda que usted denuncia con energía acusan al liberalismo de todos los males, quizás se refieren al ultraliberalismo.
–Pero entonces que lo digan. ¿Por qué no lo dicen? Que digan que están contra el ultraliberalismo y que quieren arrancarle el buen liberalismo a la derecha. Que quieren reivindicar su herencia. Que digan cómo harán para volver a ponerlo de pie. Mi maestro, Louis Althusser, decía que el gran genio de Marx fue tomar la dialéctica hegeliana, concepto reaccionario, y ponerlo nuevamente de pie. En Francia tenemos cantidad de cretinos que dicen que la nación, la seguridad, la bandera y Juana de Arco -conceptos reivindicados por la derecha- pertenecen también al patrimonio de la izquierda. Pero, entonces, ¿cómo es posible que, tratándose de algo tan importante como el liberalismo, no hagan el mismo trabajo? ¿Que no sean capaces de distinguir entre Silvio Berlusconi y las tres revoluciones fundadoras del modernismo [la inglesa, la norteamericana y la francesa]? Hacer ese trabajo es competencia de una izquierda crítica. Criticar quiere decir separar lo bueno de lo malo. Pero, la izquierda radical, los altermundialistas, todos aquellos que apoyan a Hugo Chávez y a Evo Morales, se declaran antiliberales, no antiultraliberales. Si les resulta difícil esa palabra, que encuentren otra. La verdad es que hay algo en la idea misma de libertad que les da miedo y que detestan. Ese miedo fue el que produjo a Castro ayer y a Chávez hoy.
-¿Usted no cree que Chávez sea de izquierda?
-Naturalmente que no. ¿Cómo puede ser de izquierda un hombre que ejerce un poder personal, que sueña con que ese poder sea vitalicio, que amordaza a los medios de comunicación de su país, que está sentado sobre una montaña de oro que su población no aprovecha y que es el aliado de Ahmadinejad en la guerra planetaria que libran los demócratas y los antidemócratas. Hay actualmente una izquierda que piensa que Chávez es de la familia, el niño turbulento de la familia. Yo no. Yo soy de izquierda y creo que Chávez es mi adversario.
-¿Y no se siente solo en ese planeta de la izquierda ideal? Porque una cosa es lo que uno quisiera y, otra, lo que es en realidad.
-No me importa. Me siento solo con Ingrid Betancourt, con Vaclav Havel, con Huber Matos, con Barak Obama, con una parte de la izquierda argentina que se reconocerá en lo que digo y que debe de estar negándose a verse embanderada junto a Chávez.
-En cuanto a la necesidad de una izquierda pro norteamericana Es posible que su análisis sea adecuado para Francia. Pero, ¿qué decir de América latina, donde Estados Unidos ha hecho y deshecho a su antojo en tantas ocasiones?
-El caso no es el mismo que en Francia, es verdad. Sin embargo, se puede decir cualquier cosa de Estados Unidos, y Dios sabe si yo he criticado algunas desviaciones de ese país que me erizan: Bush, el creacionismo, el conservadurismo duro Pero Estados Unidos también es un país donde las instituciones democráticas, la prensa, la opinión pública funcionan en forma ejemplar. Un presidente norteamericano jamás podría haber tratado de dar marcha atrás sobre el arrepentimiento de los crímenes históricos cometidos por Francia, como hizo Sarkozy con el colonialismo. La reacción ante Abu Ghraib fue inmediata. En tres días, toda la prensa norteamericana, incluido Fox News , hizo su mea culpa. Todos hablaron de la bancarrota del Estado durante el huracán de Nueva Orleáns. Pero nadie mencionó la solidaridad de la gente. No sólo de Hollywood, sino de los rednecks de Texas, que acogieron a los negros, víctimas de Katrina. Eso es Estados Unidos. No se puede afirmar que es la casa del diablo. Es el país de una mala política, de una corriente conservadora que me provoca escalofríos en la espalda, pero es un país formidable, un país que tiene recursos institucionales y democráticos que merecen ser tomados como ejemplo, por lo menos en Francia.
-Volvamos al comienzo de su libro, donde cuenta la llamada telefónica que le hizo el candidato Sarkozy para que usted se sumara a las figuras de izquierda que lo apoyaban. ¿Cómo es posible que usted haga en esas páginas un retrato tan feroz del actual presidente y, sin embargo, siga afirmando que es su amigo?
-Porque la amistad es una cosa y la política es otra. La diferencia entre Sarkozy y yo es que yo sé reconocer la diferencia entre la proximidad amistosa y las distancias ideológicas, y él no. Sarkozy cree que es suficiente ser amigo para estar de acuerdo. Yo creo lo contrario.
-Pero, ¿es posible discutir con él?
-Ese día no pude, es verdad. Pero conozco a Sarkozy desde 1983. Lo conozco bien y hemos discutido con frecuencia. Ese día, se encontraba en la fase ascendente de su campaña, estaba acelerado y, en efecto, era incapaz de discutir. Pero, ¿usted cree que hago un retrato feroz?
-Sí. Cuando cuenta que Sarkozy le dice "y cuándo me vas a hacer tu papelito en la prensa como Glucksmann", lo hace de un modo tan despreciativo que el lector se pregunta cómo es posible que usted no reaccione.
-Yo reacciono: no voto por él.
-Usted no vota por él y además escribe el libro. Pero, no es sólo esa conversación sino que, a medida que avanza la escritura, lo demuele cada vez más.
-Porque a medida que avanza la campaña, Sarkozy me consterna cada vez más. Sarkozy hizo una campaña de extrema derecha: sobre la necesidad de que Francia deje de arrepentirse por los crímenes cometidos durante el régimen de Vichy y el colonialismo, sobre la herencia de Mayo 68. Como él los manejó todos esos y otros muchos temas me resultaron insoportables.
-¿Cuáles son para usted las cualidades del presidente francés?
-La energía, la vitalidad, la voluntad de reformar a Francia: las 35 horas, los regímenes especiales y las universidades, todo eso va en la buena dirección. En política exterior también suele ir en el buen sentido. Pero no cuando recibe a Hugo Chávez y le hace el regalo de un reconocimiento de Estado absolutamente injustificado. No cuando vende centrales nucleares civiles a Muammar Khadafi. Pero hay otros aspectos en los que ya hizo un buen trabajo: en la reconciliación con Estados Unidos, en la amistad con Israel, en la ruptura con la política árabe de la cancillería francesa.
-¿Vio a Sarkozy después de la publicación del libro?
-Sí.
-¿El presidente le dijo algo?
-Nada. Pero sé que está furioso.
-Hablando de Glucksmann, usted califica su gesto de adhesión de "valiente". ¿Por qué? ¿Lo comprende?
-No, la verdad es que no lo comprendo muy bien. No comprendí que lo haya hecho en ese momento. El papel de un intelectual no es el de manifestarse tan rápido. El papel de un intelectual es el de pronunciarse, pero lo más tarde posible, después de haber obtenido lo máximo. Dándose tiempo, Glucksmann podría haber obtenido aún más sobre los temas que le interesan: la causa chechena, la amistad con Estados Unidos, etc. Por eso no comprendo. Lo llamé y se lo dije.
-¿Cree, en todo caso, que el papel de los intelectuales es el de estar "a favor" del rey o del poder?
-No. Ni creo ni comprendo. Yo jamás estuve con un gobierno. Fui amigo de François Mitterrand. El fue testigo de mi boda exactamente un año antes de ganar las elecciones de 1981. Lo primero que hice el día de su victoria fue entrar en oposición. Fui amigo de Sarkozy durante 24 años. Lo primero que hice cuando llegó al Elíseo fue pasar a la oposición. No entiendo por qué hay intelectuales que hacen lo contrario.
-¿Cómo interpreta el gesto de esos otros socialistas -y amigos suyos-, como el actual canciller Bernard Kouchner, que decidieron engrosar las filas sarkozistas?
-No lo sé. Hay numerosas interpretaciones posibles. Quizás crean que podrán influir en el curso de los acontecimientos.
-¿Sarkozy es alguien fácil de convencer?
-Por supuesto que no. Sinceramente, no estoy demasiado impresionado por las realizaciones de Kouchner en su ministerio. Creo que podría haber sido mucho más útil en la oposición que en el gobierno.
-Leí en una entrevista que le resultaba simpática la forma que tiene Sarkozy de hablar de amor.
-Sí, me parece emocionante la forma que tenía de decir públicamente que amaba a su mujer.
-Es verdad. Un hombre que ejerce el poder parece humanizado por ese sentimiento.
-Quizás demasiado. Porque se pone en peligro físicamente. Sarkozy se expone demasiado. Hay una teoría, la "teoría de Kantorowicz", sobre los dos cuerpos del rey. Según esa teoría, un presidente tiene dos cuerpos, uno profano y uno sagrado. Así se gobierna: el cuerpo profano está muy cerca de la gente y el sagrado muy lejos. El poder se ejerce en el equilibrio entre ambos cuerpos. El problema de Sarkozy es que hay demasiado cuerpo profano y poco cuerpo sagrado. Esto tiene que ver con esa ambigüedad entre república y monarquía que es Francia, donde es necesario encontrar un equilibrio entre distancia y proximidad, entre la sacralidad del poder y su materialidad. Tuvimos presidentes que iban demasiado lejos en un sentido, como Mitterrand, y otros que van demasiado lejos en el sentido inverso, como Sarkozy.
-¿Usted se refiere a esa tendencia populista de Sarkozy que tantos le critican?
-Lo que más debería preocupar de Sarkozy, en realidad, es que se trata de un verdadero hombre de derecha. Cuando dice basta ya de arrepentirse públicamente por Vichy [la colaboración con la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial] o por la colonización, es auténticamente sincero. Y eso me hiela la sangre.
-Pero un 54 por ciento de los franceses lo votaron sobre esas bases. ¿No cree que Francia es muy en el fondo un país xenófobo, con frecuencia racista y, como decía Mitterrand, muy conservador?
-Sí. Pero había en este país un proceso de reflexión, sobre todo en cuanto a nuestro papel en el marco del colonialismo. Por el contrario, la campaña de Sarkozy, con su negativa a arrepentirse de las faltas cometidas, sirvió para paralizar ese proceso de toma de conciencia. Un país que no tiene vergüenza es un país perdido. Se puede perdonar, pero no olvidar. La vergüenza es un gran sentimiento humano. Yo reivindico dos grandes categorías políticas: la vergüenza y la melancolía.
-¿Melancolía de qué?
-De un cielo vacío. Porque ya no basta mirarlo para encontrar los planos de la Jerusalén celeste.
Por Luisa Corradini Para LA NACION
10.12.07
Aportes: el 2D y Cuba
TRIBUNA: RAFAEL ROJAS
Venezuela y la sucesión cubana
RAFAEL ROJAS 07/12/2007
La derrota de las reformas chavistas en el referéndum constitucional del 2 de diciembre marca el inicio de una contención de la deriva autoritaria de la izquierda radical en América Latina. Gracias a un procedimiento democrático ejemplar, impulsado por él mismo, Chávez tiene ahora mayores dificultades para reducir al mínimo los elementos de democracia y mercado en Venezuela. La perspectiva de una nueva reelección, en 2013, de un crecimiento del sector estatal y de una limitación aún mayor de las corrientes opositoras y de los medios autónomos, podría revertirse con una virtual reestructuración del campo opositor venezolano, en la que el movimiento estudiantil jugará un rol protagónico. Muchos opositores a Chávez habían señalado que las reformas constitucionales que no se aprobaron buscaban introducir el sistema cubano en Venezuela. Al propio Chávez le gusta estimular esa lectura de su gradual y calculada radicalización política. Sin embargo, las reformas chavistas no iban más allá de un peligroso reforzamiento del poder ejecutivo y del derecho a la reelección presidencial. El sentido autoritario de esas reformas era evidente, pero entre un presidencialismo dictatorial y un totalitarismo comunista hay un trecho largo que, de remontarse, implicaría la estatalización de la propiedad, el cierre de la esfera pública y la imposición del partido único.
Está claro que el socialismo del siglo XXI, del que habla Chávez, quisiera ser algo distinto a la socialdemocracia o al socialismo democrático y de mercado. Líderes de la izquierda moderna iberoamericana, como Zapatero, Lula, Vázquez o Bachelet, no califican, según el chavismo, como verdaderos socialistas, ya que preservan las instituciones "injustas" del mercado y la democracia. Pero el socialismo del siglo XXI quisiera ser algo distinto, también, al sistema soviético, con su perfecta racionalidad burocrática, y a los populismos clásicos de la región -Vargas, Cárdenas, Perón...-, aunque retome buena parte de su discurso mesiánico y su tecnología carismática.
El socialismo del siglo XXI es, pues, la meta de una izquierda autodenominada "revolucionaria", que sigue creyendo en la concentración del poder económico y político en el Estado, como mecanismo de distribución equitativa del ingreso, y en una oposición intransigente a la hegemonía mundial de Washington. La vocación antiliberal y antidemocrática de esa izquierda choca con su origen electoral -Chávez, Morales, Correa y Ortega han sido elegidos democráticamente- y con los mecanismos de acumulación capitalista que aseguran el crecimiento de sus respectivas economías. ¿Por qué Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua no avanzan, realmente, hacia una cubanización de sus sistemas sociales?
A pesar de saberse admirado por Chávez, el propio Fidel Castro no recomienda la difusión del modelo cubano. Podría pensarse que dicho pacto -admírame pero no me copies- busca evitar una mayor polarización social y un escalamiento del conflicto con Estados Unidos. Sin embargo, sus implicaciones ideológicas son serias: Chávez, por lo visto, evita acelerar la cubanización de Venezuela, no porque no quiera, sino porque teme perder el poder. Su legitimidad, a diferencia de la de Fidel y a pesar de tanta retórica socialista, no es plenamente revolucionaria sino democrática.
La pregunta podría invertirse: ¿por qué Cuba no adopta el régimen chavista, si los más altos funcionarios de la isla (Lage, Pérez Roque, Alarcón...) consideran a Chávez "segundo" presidente y hablan de una deseada "confederación"? De avanzar hacia ese modelo, en Cuba tendría que permitirse la privatización de buena parte de la economía, la legalización de partidos opositores y el funcionamiento de medios independientes del Estado. Pero tampoco: los líderes cubanos no contemplan una adopción del sistema venezolano por la misma razón que Chávez no se radicaliza: saben que de hacerlo se arriesgan a perder el poder.
La relación entre Cuba y sus aliados de la izquierda estatal produce, por tanto, una rentable ambigüedad ideológica. ¿Es Cuba, como la Unión Soviética, un modelo agotado de socialismo del siglo XX, que debe ser trascendido por la nueva izquierda radical? ¿Es Cuba, en realidad, ese socialismo del siglo XXI, del que habla Chávez, y al que deben aproximarse cautelosamente los países latinoamericanos? La diferencia entre ambas interpretaciones es grande, sobre todo si se tiene en cuenta que el modelo a imitar está siendo fuertemente presionado por demandas de cambio, que no provienen únicamente de Washington, Madrid, la oposición o el exilio, sino de la propia sociedad cubana.
El socialismo del siglo XXI, siguiendo la idea de la ambigüedad o el "significante vacío" de La razón populista (2005), el libro de Ernesto Laclau, podría ser definido como un bluff o como amenaza o simulación del comunismo, instrumentada por capitalismos autoritarios de Estado. En ese simulacro, casi todos los legados de la izquierda del siglo XX -menos el anarquismo y la socialdemocracia- son aprovechables, aunque sean ideológicamente contradictorios: Lenin, Trotski y Stalin, Vargas, Perón y Cárdenas, Zapata, el Che y Fidel. En la práctica, sin embargo, esos Gobiernos -Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua...- no traspasan los límites de un capitalismo de Estado que, desde la perspectiva de la NEP leninista o de la todavía reciente Cuba soviética, calificaría como orden burgués.
No por tratarse de un simulacro de comunismo, la nueva ideología de la izquierda radical latinoamericana es, potencialmente, menos antiliberal y antidemocrática. De hecho, buena parte de la nostalgia del sistema soviético que la caracteriza tiene como trasfondo la idea de que sus artífices no avanzan más en el control social porque las "condiciones del mundo unipolar no lo permiten". Mientras los pueblos "maduran" y se "educan", el bluff incentiva el conflicto con Estados Unidos, polariza las sociedades y crea la plataforma adecuada para una justificación de la permanencia en el poder, a partir del principio del estado de excepción y del síndrome de "plaza sitiada".
Desde el punto de vista geopolítico, uno de los mejores efectos de la derrota oficial en Venezuela sería el reforzamiento de las corrientes reformistas en la isla y una inhibición de los sectores más intransigentes, que en los últimos años han apostado todo al vínculo con Caracas, como reemplazo de la dependencia económica de la URSS. El dubitativo proceso de sucesión que encabeza Raúl Castro se mueve, por lo visto, en una zona distante al nexo con Chávez y aspira a lo que sus seguidores han llamado un "relanzamiento" del socialismo cubano sobre bases propias.
Un Chávez fortalecido por el triunfo en el referéndum y con posibilidades de reelegirse en 2013 y de permanecer en el poder hasta 2020 o 2027 hubiera sido una garantía de perpetuidad para las élites cubanas. Los actuales llamados al "debate" y al reconocimiento de la "diversidad", por parte del Partido Comunista, no deberían hacernos olvidar que entre 1986 y 2006 ese mismo partido decidió concentrar todo el poder político y administrativo de la isla en la persona de Fidel Castro. La prioridad de las élites cubanas es subsistir, conservar el poder y para ello están dispuestas a todo: incluso, a tolerar las críticas de sus partidarios. A todo, digo, menos a reconocer la oposición y el exilio o a convocar a un referéndum democrático como el venezolano.
Rafael Rojas es historiador cubano, exiliado en México.
Venezuela y la sucesión cubana
RAFAEL ROJAS 07/12/2007
La derrota de las reformas chavistas en el referéndum constitucional del 2 de diciembre marca el inicio de una contención de la deriva autoritaria de la izquierda radical en América Latina. Gracias a un procedimiento democrático ejemplar, impulsado por él mismo, Chávez tiene ahora mayores dificultades para reducir al mínimo los elementos de democracia y mercado en Venezuela. La perspectiva de una nueva reelección, en 2013, de un crecimiento del sector estatal y de una limitación aún mayor de las corrientes opositoras y de los medios autónomos, podría revertirse con una virtual reestructuración del campo opositor venezolano, en la que el movimiento estudiantil jugará un rol protagónico. Muchos opositores a Chávez habían señalado que las reformas constitucionales que no se aprobaron buscaban introducir el sistema cubano en Venezuela. Al propio Chávez le gusta estimular esa lectura de su gradual y calculada radicalización política. Sin embargo, las reformas chavistas no iban más allá de un peligroso reforzamiento del poder ejecutivo y del derecho a la reelección presidencial. El sentido autoritario de esas reformas era evidente, pero entre un presidencialismo dictatorial y un totalitarismo comunista hay un trecho largo que, de remontarse, implicaría la estatalización de la propiedad, el cierre de la esfera pública y la imposición del partido único.
Está claro que el socialismo del siglo XXI, del que habla Chávez, quisiera ser algo distinto a la socialdemocracia o al socialismo democrático y de mercado. Líderes de la izquierda moderna iberoamericana, como Zapatero, Lula, Vázquez o Bachelet, no califican, según el chavismo, como verdaderos socialistas, ya que preservan las instituciones "injustas" del mercado y la democracia. Pero el socialismo del siglo XXI quisiera ser algo distinto, también, al sistema soviético, con su perfecta racionalidad burocrática, y a los populismos clásicos de la región -Vargas, Cárdenas, Perón...-, aunque retome buena parte de su discurso mesiánico y su tecnología carismática.
El socialismo del siglo XXI es, pues, la meta de una izquierda autodenominada "revolucionaria", que sigue creyendo en la concentración del poder económico y político en el Estado, como mecanismo de distribución equitativa del ingreso, y en una oposición intransigente a la hegemonía mundial de Washington. La vocación antiliberal y antidemocrática de esa izquierda choca con su origen electoral -Chávez, Morales, Correa y Ortega han sido elegidos democráticamente- y con los mecanismos de acumulación capitalista que aseguran el crecimiento de sus respectivas economías. ¿Por qué Venezuela, Bolivia, Ecuador o Nicaragua no avanzan, realmente, hacia una cubanización de sus sistemas sociales?
A pesar de saberse admirado por Chávez, el propio Fidel Castro no recomienda la difusión del modelo cubano. Podría pensarse que dicho pacto -admírame pero no me copies- busca evitar una mayor polarización social y un escalamiento del conflicto con Estados Unidos. Sin embargo, sus implicaciones ideológicas son serias: Chávez, por lo visto, evita acelerar la cubanización de Venezuela, no porque no quiera, sino porque teme perder el poder. Su legitimidad, a diferencia de la de Fidel y a pesar de tanta retórica socialista, no es plenamente revolucionaria sino democrática.
La pregunta podría invertirse: ¿por qué Cuba no adopta el régimen chavista, si los más altos funcionarios de la isla (Lage, Pérez Roque, Alarcón...) consideran a Chávez "segundo" presidente y hablan de una deseada "confederación"? De avanzar hacia ese modelo, en Cuba tendría que permitirse la privatización de buena parte de la economía, la legalización de partidos opositores y el funcionamiento de medios independientes del Estado. Pero tampoco: los líderes cubanos no contemplan una adopción del sistema venezolano por la misma razón que Chávez no se radicaliza: saben que de hacerlo se arriesgan a perder el poder.
La relación entre Cuba y sus aliados de la izquierda estatal produce, por tanto, una rentable ambigüedad ideológica. ¿Es Cuba, como la Unión Soviética, un modelo agotado de socialismo del siglo XX, que debe ser trascendido por la nueva izquierda radical? ¿Es Cuba, en realidad, ese socialismo del siglo XXI, del que habla Chávez, y al que deben aproximarse cautelosamente los países latinoamericanos? La diferencia entre ambas interpretaciones es grande, sobre todo si se tiene en cuenta que el modelo a imitar está siendo fuertemente presionado por demandas de cambio, que no provienen únicamente de Washington, Madrid, la oposición o el exilio, sino de la propia sociedad cubana.
El socialismo del siglo XXI, siguiendo la idea de la ambigüedad o el "significante vacío" de La razón populista (2005), el libro de Ernesto Laclau, podría ser definido como un bluff o como amenaza o simulación del comunismo, instrumentada por capitalismos autoritarios de Estado. En ese simulacro, casi todos los legados de la izquierda del siglo XX -menos el anarquismo y la socialdemocracia- son aprovechables, aunque sean ideológicamente contradictorios: Lenin, Trotski y Stalin, Vargas, Perón y Cárdenas, Zapata, el Che y Fidel. En la práctica, sin embargo, esos Gobiernos -Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua...- no traspasan los límites de un capitalismo de Estado que, desde la perspectiva de la NEP leninista o de la todavía reciente Cuba soviética, calificaría como orden burgués.
No por tratarse de un simulacro de comunismo, la nueva ideología de la izquierda radical latinoamericana es, potencialmente, menos antiliberal y antidemocrática. De hecho, buena parte de la nostalgia del sistema soviético que la caracteriza tiene como trasfondo la idea de que sus artífices no avanzan más en el control social porque las "condiciones del mundo unipolar no lo permiten". Mientras los pueblos "maduran" y se "educan", el bluff incentiva el conflicto con Estados Unidos, polariza las sociedades y crea la plataforma adecuada para una justificación de la permanencia en el poder, a partir del principio del estado de excepción y del síndrome de "plaza sitiada".
Desde el punto de vista geopolítico, uno de los mejores efectos de la derrota oficial en Venezuela sería el reforzamiento de las corrientes reformistas en la isla y una inhibición de los sectores más intransigentes, que en los últimos años han apostado todo al vínculo con Caracas, como reemplazo de la dependencia económica de la URSS. El dubitativo proceso de sucesión que encabeza Raúl Castro se mueve, por lo visto, en una zona distante al nexo con Chávez y aspira a lo que sus seguidores han llamado un "relanzamiento" del socialismo cubano sobre bases propias.
Un Chávez fortalecido por el triunfo en el referéndum y con posibilidades de reelegirse en 2013 y de permanecer en el poder hasta 2020 o 2027 hubiera sido una garantía de perpetuidad para las élites cubanas. Los actuales llamados al "debate" y al reconocimiento de la "diversidad", por parte del Partido Comunista, no deberían hacernos olvidar que entre 1986 y 2006 ese mismo partido decidió concentrar todo el poder político y administrativo de la isla en la persona de Fidel Castro. La prioridad de las élites cubanas es subsistir, conservar el poder y para ello están dispuestas a todo: incluso, a tolerar las críticas de sus partidarios. A todo, digo, menos a reconocer la oposición y el exilio o a convocar a un referéndum democrático como el venezolano.
Rafael Rojas es historiador cubano, exiliado en México.
4.12.07
Aportes: la maldición de la reelección indefinida
El siguiente artículo del escritor Roberto Lovera de-Sola, agrega algunas observaciones más a lo que acaba de ocurrir en Venezuela, pero con un sentido histórico que me parece imprescindible.
MEMORIAS
EL TRIUNFO DEL 2 DE DICIEMBRE
Por:R.J.LOVERA DE-SOLA
La jornada electoral del 2 de diciembre de 2007 está llena de mensajes positivos que hay que atender: el triunfo electoral del “No” es singular porque es la segunda vez en nueve años (la primera fue la elección sindical, cuando se quiso defenestrar a Carlos Ortega de la presidencia de la CTV, octubre 28,2001), que se obtiene un triunfo sobre el Comandante Chávez, logro que no es para nada pírrico. Y ello especialmente porque de nuevo el gobernante actual quería volver a cometer su más grande pecado: conspirar contra el sistema de vida de los venezolanos que es la democracia.
La democracia es el sistema de vida elegido por los venezolanos desde el fin la Guerra Federal(1859-1863)con el llamado “Decreto de Garantías” del general Juan Crisóstomo Falcón (agosto 18,1863), ratificada cincuenta y ocho días después a la muerte de Gómez(febrero 14,1936)por la multitudinaria manifestación que presidió un estudiante: Jóvito Villaba(1908-1989). Como presidente de la “Federación de Estudiantes Venezolanos”(FEV) había sido el primer signatario de una carta de protesta enviada por los estudiantes al general López Contreras, que se puede leer en la edición del diario La esfera de aquel 14 de febrero. Al lado de Villalba caminó en aquella marcha el doctor Francisco Antonio Rísquez (1856-1941) maestro, venerable anciano aquel día y Rector entonces de la UCV. Esto tuvo un sentido: los jóvenes deben actuar pero también escuchar los mensajes de la experiencia. Lo sucedido aquel día lo registró bien La esfera (febreeo 16,1936). “Día de la democracia” ha pedido Manuel Cabllero que se llame aquella jornada (Revolución, reacción y falsificación, ed. 2002, p.198) la cual, si bien se inició a las puertas de la Universidad en la esquina de San Francisco, cuando llegó a la puerta de Miraflores el líder de aquella tarde fue invitado a pasar y reunirse con el presidente y presentar sus peticiones. Aquel mandatario era un demócrata, el general López, quien sabía muy bien que el gobernante debe escuchar al pueblo. “Para qué quiere gobierno si no escucha” dijo una voz, vieja lección para los venezolanos, siempre incumplida por Chávez, que nos viene desde la independencia, de 1812, gracias a una mujer, la madre de los próceres Montilla, doña Juana Antonia Díaz Padrón, tal como lo recogió Augusto Mijares(1897-1979) en Lo afirmativo venezolano (ed.1980,p.98-101). Así protestó aquella valiente dama, pidiendo la libertad de sus hijos presos, ante un dictador como Monteverde, al pedirle cumpliera con lo acordado con Miranda en la Capitulación de aquel mismo año.
Así mismo la multitud paró ayer son sus votos el intento contra la democracia inserto en el proyecto de reforma y la idea de reelección continua del mandatario, a la cual no se atrevieron ni siquiera nuestros grandes dictadores. De haberse hecho realidad esto hubiera hecho de Chávez el “protodictador”(p.73) al que se refiere Freddy Muñoz en singular estudio político, escrito al alimón con Américo Martí, cuya estimulante lectura hacemos en estos días (Socialismo del siglo XXI: ¿huida en el laberinto?.Caracas: Alfa,2007.223 p.). Y el triunfo del “No” es hondamente válido así haya sido por solo tres puntos de diferencia.
Lo sucedido nos enseña que es posible “derrotar” a Chávez pero que sólo puede hacérselo primero con una gran “avalancha” de votos, que impedirá el “fraude” desde el CNE, junto con la organización de un verdadero movimiento opositor que ahora tiene un fresco liderazgo en el movimiento estudiantil.
Pero es necesario aquel con el cual se vencerá a Chávez al final de su período presidencial, en el 2013, cuando ya no podrá volver a ser presidente otra vez porque la Constitución de 1999 se lo prohíbe en su artículo 230 (“El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser elegido, de inmediato y por un sola vez para un período adicional”). En el caso de Chávez su primer período fue 1999-2001, el segundo 2000-2007 y el tercero 2007-2013 como ha precisado Rafael Arráiz Lucca (Venezuela: 1830 a nuestros días, ed. 2007, p.215), le quedan pues cinco años y veinte y nueve días. Lo que no pudimos entender, pese a ser una decisión de la Corte Suprema de Justicia es que ésta haya ordenado (abril 4,2001) que el período, como consecuencia de la nueva Constitución, se iniciaba el 10 de enero de 2001. ¿Dónde quedaban entonces los dos años antes gobernados por el mismo mandatario? ¿en el limbo de la memoria venezolana? Esta decisión, empujada por razones políticas y por inusitadas presiones, ha sido la que ha hecho posible al presidente Chávez gobernar durante ocho años seguidos, casi nueve desde el próximo enero. ¿Esto tiene sentido? Sólo los grandes dictadores nuestros gobernaron durante tanto tiempo, a veces, como Guzmán Blanco (1870-1886), diez y seis años, o Gómez (1908-1935), veinte y siete años, a través de otras personas, los llamados, por la socarronería caraqueña, “presidentes del Presidente”.
El período presidencial venezolano debe volver a ser de cinco años y en un futuro parlamento democrático debe pensarse no en estatuir la reelección inmediata, como ha sido siempre en Venezuela desde la Constitución de 1830, cosa que el general Páez, con ser un caudillo, respetó. Y los intentos de prolongar el período, como lo viene intentado Chávez, ha traído graves situaciones: cuando lo hizo José Tadeo Monagas terminó en un golpe de Estado y en el inicio de la Guerra Federal; cuando Raimundo Andueza Palacio logró romper la paz cuidadosamente lograda por Guzmán Blanco, se inició entonces la “Revolución Legalista”(1892) de Joaquín Crespo. Y el intento de Pérez Jiménez con el “Plesbicito”, aunque lo ganó, no prosperó. En lo adelante habrá que perfeccionar todo esto: eliminar los seis años, volver al gobierno de cinco años, que ya es bastante, y prohibir explícitamente en la Constitución para siempre la reelección de cada presidente: que cada mandatario sólo pueda ejercer por una vez un solo período, ningún otro. Hacia allí íbamos cuando se comenzó a debatir, bajo la llamada Cuarta República, la reforma y actualización de la Constitución de 1961 a partir del proyecto que a petición del congreso preparó una comisión que presidió el doctor Rafael Caldera. Debe haberse discutido y aprobado esa reforma por el propio congreso, porque no había necesidad de convocar una Asamblea Constituyente, era lógico que las fuerzas pensantes de la política y los intelectuales hubieran abogado entonces, como lo hizo Jorge Olavaria desde las columnas de su revista Resumen con suficente antelación, por la prohibición absoluta de la reelección. Ya no bastaba con obligar a los expresidentes a esperar diez años para volver a presentar sus candidaturas. No había razón que volver a ser presidente, cosa que prometió en su último mensaje y cumplió el presidente Luis Herrera Campins (1925-2007), hace pocos días fallecido.
Pero volvamos a hoy: el triunfo cantado esta madrugada fue producto de una sabia organización política que desde ahora, eso es lo que podemos ver a pocas horas del triunfo de ayer, debe ser encabezado por el movimiento estudiantil, surgido al calor del cierre de RCTV (mayo 28,2007). Fue el que puso en pie de lucha a los estudiantes, a quien debemos que se haya logrado torcerle el pescuezo al intento anti constitucional intentado ayer, presentado por Chávez y aprobado por una Asamblea Nacional cuyas decisiones son irritas por ser sólo una reunión de empleados públicos, muy cuestionables: hay diputados en ella que fueron elegidos con solo doscientos votos. Ello sucedió así por culpa de la irresponsabilidad de la llamada “Coordinadora democrática”, anoche plenamente derrotada, de pedir a los candidatos opuestos al chavismo que no presentaran sus candidaturas. Así, lo que era lógico, dar la pelea en el parlamento, aunque fuera en condiciones de desventaja, así sólo tuvieran la palabra, con voces de jóvenes autoirizados y bien preparados como Gerardo Blyde o Liliana Hernández, cedió el lugar al congreso de asalariados, situación que los venezolanos habíamos creído cancelada desde la caída del general Medina (1945), superada desde los días, en 1946, de la “Revolución de Octubre”, cuando se convocaron las elecciones parlamentarias para formar la “Asamblea Constituyente” que, bajo la presidencia de Andrés Eloy Blanco y con la presencia de todas las fuerzas políticas de la época, aprobó la Constitución de 1947.
Tantas, significativas, a tener en cuenta, son las lecciones de ayer.
Diciembre 2,2007
MEMORIAS
EL TRIUNFO DEL 2 DE DICIEMBRE
Por:R.J.LOVERA DE-SOLA
La jornada electoral del 2 de diciembre de 2007 está llena de mensajes positivos que hay que atender: el triunfo electoral del “No” es singular porque es la segunda vez en nueve años (la primera fue la elección sindical, cuando se quiso defenestrar a Carlos Ortega de la presidencia de la CTV, octubre 28,2001), que se obtiene un triunfo sobre el Comandante Chávez, logro que no es para nada pírrico. Y ello especialmente porque de nuevo el gobernante actual quería volver a cometer su más grande pecado: conspirar contra el sistema de vida de los venezolanos que es la democracia.
La democracia es el sistema de vida elegido por los venezolanos desde el fin la Guerra Federal(1859-1863)con el llamado “Decreto de Garantías” del general Juan Crisóstomo Falcón (agosto 18,1863), ratificada cincuenta y ocho días después a la muerte de Gómez(febrero 14,1936)por la multitudinaria manifestación que presidió un estudiante: Jóvito Villaba(1908-1989). Como presidente de la “Federación de Estudiantes Venezolanos”(FEV) había sido el primer signatario de una carta de protesta enviada por los estudiantes al general López Contreras, que se puede leer en la edición del diario La esfera de aquel 14 de febrero. Al lado de Villalba caminó en aquella marcha el doctor Francisco Antonio Rísquez (1856-1941) maestro, venerable anciano aquel día y Rector entonces de la UCV. Esto tuvo un sentido: los jóvenes deben actuar pero también escuchar los mensajes de la experiencia. Lo sucedido aquel día lo registró bien La esfera (febreeo 16,1936). “Día de la democracia” ha pedido Manuel Cabllero que se llame aquella jornada (Revolución, reacción y falsificación, ed. 2002, p.198) la cual, si bien se inició a las puertas de la Universidad en la esquina de San Francisco, cuando llegó a la puerta de Miraflores el líder de aquella tarde fue invitado a pasar y reunirse con el presidente y presentar sus peticiones. Aquel mandatario era un demócrata, el general López, quien sabía muy bien que el gobernante debe escuchar al pueblo. “Para qué quiere gobierno si no escucha” dijo una voz, vieja lección para los venezolanos, siempre incumplida por Chávez, que nos viene desde la independencia, de 1812, gracias a una mujer, la madre de los próceres Montilla, doña Juana Antonia Díaz Padrón, tal como lo recogió Augusto Mijares(1897-1979) en Lo afirmativo venezolano (ed.1980,p.98-101). Así protestó aquella valiente dama, pidiendo la libertad de sus hijos presos, ante un dictador como Monteverde, al pedirle cumpliera con lo acordado con Miranda en la Capitulación de aquel mismo año.
Así mismo la multitud paró ayer son sus votos el intento contra la democracia inserto en el proyecto de reforma y la idea de reelección continua del mandatario, a la cual no se atrevieron ni siquiera nuestros grandes dictadores. De haberse hecho realidad esto hubiera hecho de Chávez el “protodictador”(p.73) al que se refiere Freddy Muñoz en singular estudio político, escrito al alimón con Américo Martí, cuya estimulante lectura hacemos en estos días (Socialismo del siglo XXI: ¿huida en el laberinto?.Caracas: Alfa,2007.223 p.). Y el triunfo del “No” es hondamente válido así haya sido por solo tres puntos de diferencia.
Lo sucedido nos enseña que es posible “derrotar” a Chávez pero que sólo puede hacérselo primero con una gran “avalancha” de votos, que impedirá el “fraude” desde el CNE, junto con la organización de un verdadero movimiento opositor que ahora tiene un fresco liderazgo en el movimiento estudiantil.
Pero es necesario aquel con el cual se vencerá a Chávez al final de su período presidencial, en el 2013, cuando ya no podrá volver a ser presidente otra vez porque la Constitución de 1999 se lo prohíbe en su artículo 230 (“El período presidencial es de seis años. El Presidente o Presidenta de la República puede ser elegido, de inmediato y por un sola vez para un período adicional”). En el caso de Chávez su primer período fue 1999-2001, el segundo 2000-2007 y el tercero 2007-2013 como ha precisado Rafael Arráiz Lucca (Venezuela: 1830 a nuestros días, ed. 2007, p.215), le quedan pues cinco años y veinte y nueve días. Lo que no pudimos entender, pese a ser una decisión de la Corte Suprema de Justicia es que ésta haya ordenado (abril 4,2001) que el período, como consecuencia de la nueva Constitución, se iniciaba el 10 de enero de 2001. ¿Dónde quedaban entonces los dos años antes gobernados por el mismo mandatario? ¿en el limbo de la memoria venezolana? Esta decisión, empujada por razones políticas y por inusitadas presiones, ha sido la que ha hecho posible al presidente Chávez gobernar durante ocho años seguidos, casi nueve desde el próximo enero. ¿Esto tiene sentido? Sólo los grandes dictadores nuestros gobernaron durante tanto tiempo, a veces, como Guzmán Blanco (1870-1886), diez y seis años, o Gómez (1908-1935), veinte y siete años, a través de otras personas, los llamados, por la socarronería caraqueña, “presidentes del Presidente”.
El período presidencial venezolano debe volver a ser de cinco años y en un futuro parlamento democrático debe pensarse no en estatuir la reelección inmediata, como ha sido siempre en Venezuela desde la Constitución de 1830, cosa que el general Páez, con ser un caudillo, respetó. Y los intentos de prolongar el período, como lo viene intentado Chávez, ha traído graves situaciones: cuando lo hizo José Tadeo Monagas terminó en un golpe de Estado y en el inicio de la Guerra Federal; cuando Raimundo Andueza Palacio logró romper la paz cuidadosamente lograda por Guzmán Blanco, se inició entonces la “Revolución Legalista”(1892) de Joaquín Crespo. Y el intento de Pérez Jiménez con el “Plesbicito”, aunque lo ganó, no prosperó. En lo adelante habrá que perfeccionar todo esto: eliminar los seis años, volver al gobierno de cinco años, que ya es bastante, y prohibir explícitamente en la Constitución para siempre la reelección de cada presidente: que cada mandatario sólo pueda ejercer por una vez un solo período, ningún otro. Hacia allí íbamos cuando se comenzó a debatir, bajo la llamada Cuarta República, la reforma y actualización de la Constitución de 1961 a partir del proyecto que a petición del congreso preparó una comisión que presidió el doctor Rafael Caldera. Debe haberse discutido y aprobado esa reforma por el propio congreso, porque no había necesidad de convocar una Asamblea Constituyente, era lógico que las fuerzas pensantes de la política y los intelectuales hubieran abogado entonces, como lo hizo Jorge Olavaria desde las columnas de su revista Resumen con suficente antelación, por la prohibición absoluta de la reelección. Ya no bastaba con obligar a los expresidentes a esperar diez años para volver a presentar sus candidaturas. No había razón que volver a ser presidente, cosa que prometió en su último mensaje y cumplió el presidente Luis Herrera Campins (1925-2007), hace pocos días fallecido.
Pero volvamos a hoy: el triunfo cantado esta madrugada fue producto de una sabia organización política que desde ahora, eso es lo que podemos ver a pocas horas del triunfo de ayer, debe ser encabezado por el movimiento estudiantil, surgido al calor del cierre de RCTV (mayo 28,2007). Fue el que puso en pie de lucha a los estudiantes, a quien debemos que se haya logrado torcerle el pescuezo al intento anti constitucional intentado ayer, presentado por Chávez y aprobado por una Asamblea Nacional cuyas decisiones son irritas por ser sólo una reunión de empleados públicos, muy cuestionables: hay diputados en ella que fueron elegidos con solo doscientos votos. Ello sucedió así por culpa de la irresponsabilidad de la llamada “Coordinadora democrática”, anoche plenamente derrotada, de pedir a los candidatos opuestos al chavismo que no presentaran sus candidaturas. Así, lo que era lógico, dar la pelea en el parlamento, aunque fuera en condiciones de desventaja, así sólo tuvieran la palabra, con voces de jóvenes autoirizados y bien preparados como Gerardo Blyde o Liliana Hernández, cedió el lugar al congreso de asalariados, situación que los venezolanos habíamos creído cancelada desde la caída del general Medina (1945), superada desde los días, en 1946, de la “Revolución de Octubre”, cuando se convocaron las elecciones parlamentarias para formar la “Asamblea Constituyente” que, bajo la presidencia de Andrés Eloy Blanco y con la presencia de todas las fuerzas políticas de la época, aprobó la Constitución de 1947.
Tantas, significativas, a tener en cuenta, son las lecciones de ayer.
Diciembre 2,2007
Apuntes: diez revelaciones del 2D
Uno: me parece que lo primero que hay que destacar de los estrechos resultados a favor del No que anunció el CNE en la madrugada del lunes es que se rompió el mito de que Chávez es invencible, mito que aterraba y paralizaba a buena parte de la oposición, que atornillaba a los NiNis en la indiferencia y que animaba a muchos otros a cuadrarse con el eterno ganador. Ya no es así. Le ganamos de chiripa esta vez, pero le ganamos y el CNE fue capaz de anunciarlo. De aquí en adelante, las cosas deberían ser diferentes en muchos ámbitos, a partir de esta constatación de lo que era obvio –nadie es omnipotente- pero que había sido aplastado por la leyenda carismática de su poder ilimitado, que tanta leña dio a las candelitas estériles de la antipolítica.
Dos: el voto sí sirve de algo, sí vale. Ni las guarimbas, ni el bufonesco golpe de Estado del 12 de abril de 2002, ni el paro petrolero ni la abstención antichavista han servido de nada. Votar sí, aunque haya fallado en las ocasiones anteriores. Que los abstencionistas se revisen: sí se puede derrotar al chavismo con el voto, incluso con un CNE que sigue sin ser confiable, incluso ante el gigantesco ventajismo de un Estado secuestrado por la casta gobernante, incluso ante el chorro de plata que circula por la calle. El que el voto sirva de algo significa también que la política, y no las agendas insurreccionales o el darle la espalda a la realidad, es lo único que nos puede sacar de este embrollo, y también lo único que nos puede procurar nuestro verdadero objetivo como nación: volver al camino del desarrollo y la justicia que perdimos en algún punto de los años 70 u 80.
Tres: el No tuvo los votos que tuvo, y no más, por culpa de la abstención antichavista. Si los ciudadanos de oposición (amigos, compañeros, parientes nuestros) que se quedaron en casa o se fueron de viaje o no se inscribieron en el Registro Electoral hubieran votado, tal vez hubiéramos tenido un millón de votos más para el No. Esperemos que esta victoria –muy pequeña en porcentajes pero muy grande en significado- los anime a participar la próxima vez. En las elecciones regionales de 2008, por ejemplo, una estupenda oportunidad para hacer retroceder al chavismo en las gobernaciones y las alcaldías.
Cuatro: la abstención chavista salvó el No. Esos tres millones de votos que tuvo Chávez en la justa contra Rosales y que le faltaron esta vez son de los chavistas que prefirieron hacer silencio ante el proyecto de reforma. Unos pocos votaron cruzado, unos pocos votaron no, pero la inmensa mayoría de ellos –ese chavismo light que consistentemente aparece en las encuestas- optó por evadir la maquinita de Smartmatic. En eso coincido con el gobierno: esos tres millones que no se presentaron decidieron la elección. Es imprescindible que no nos confundamos en la oposición sobre eso. Nosotros hicimos un gran esfuerzo, pero no crecimos sustancialmente. Y tenemos que mirar con otros ojos al chavismo light, que esta vez –no se sabe luego- coincidió con nosotros, aunque por caminos diferentes.
Cinco: Podemos y el movimiento estudiantil se consolidaron como fuerzas de mucho peso. El que era el segundo partido del chavismo –y que viene de la escisión del MAS producida por la filiación inicial a Chávez de la segunda generación de dirigentes masistas- puso su maquinaria y su conocimiento del monstruo por dentro al servicio de una causa común a la nuestra. Y la masa de jóvenes a la que hasta el año pasado acusábamos de una pertinaz indiferencia terminó siendo más lúcida, más organizada y más trabajadora que el puñado de restos de partidos que se sumaron a última hora a la campaña. Estos últimos, los partidos, hicieron lo suyo también, tratando con el CNE y poniendo en práctica su experiencia, pero fueron una minoría más en una constelación de organizaciones y fuerzas que actuaron en red para apoyar al No. En esta ocasión, la alianza opositora fue más heterogénea que nunca, y aplicó una fórmula más o menos espontánea de unidad en la diversidad que me parece interesantísima como ensayo de consenso y como presagio de los modos en que podría estar reconstruyéndose la política entre nosotros.
Seis: los militares no están “patria, socialismo o muerte” con Chávez. Con los márgenes en que terminó esto (partiendo de que no puede comprobarse que el No haya tenido más votos que los que se anunciaron), tuvo que haber una clara presión militar para que Chávez reconociera esos resultados y aceptara su derrota. ¿O es que alguien cree que lo hizo porque en el fondo es un demócrata cabal? Ahí, Raúl Baduel tuvo muy probablemente un papel determinante. No olvidemos que su última intervención pudo ser el empujón final para que Tibisay Lucena diera el tan demorado boletín inicial.
Siete: está emergiendo un centro político. Tres millones de votantes del chavismo light y cuatro millones y medio de la oposición democrática nos pronunciamos, con matices diferenciadores, por la misma opción. Otros tres millones del chavismo duro respaldaron la reforma: ahí también habría que distinguir a los que temen perder sus trabajo o el acceso a las misiones, a los que no se informaron sobre la reforma y a los que están de verdad comprometidos con el proyecto fascista de perpetuación en el poder de Hugo Chávez. Pero el resultado de este referendo ha mostrado, como ningún evento anterior, la relativa coincidencia de expectativas y necesidades que une a los moderados de ambos bandos y, eventualmente, a los llamados NiNis. El discurso de Podemos y del movimiento estudiantil, que reivindica la atención a la pobreza, la solidaridad y la necesidad del cambio pero en democracia y en libertad, debe ahora reforzarse y difundirse para acallar a los extremistas de ambos lados, que tanto daño han hecho, que tanto nos han mantenido estos años en la confrontación, el miedo y la violencia.
Ocho: hay que trabajar ahora para acabar con la polarización. Hay que esforzarse más por entender lo que el chavista corriente tiene en la cabeza, e identificar en él lo que tiene en común con uno. Hay que esforzarse por hablar con el chavismo light, por tratarlo, por hacerle ver que no tiene que pasarse a la oposición ni traicionar sus valores para manifestar sus críticas al gobierno. Hay que preocuparse más por proponer soluciones que por enumerar barbaridades, aunque debemos tener mucho cuidado de que no se nos pase la mano con la indulgencia y no caigamos en la impunidad. Hay que saber perdonar –hasta cierto punto, claro está- los pecados de quienes han estado al otro lado de la brecha política, porque aquí nadie puede tirar la primera piedra. Todos hemos insultado, hemos alimentado estereotipos negativos y hemos modificado la verdad a nuestro antojo.
Nueve: hay que recuperar las regiones. Estoy seguro de que buena parte del voto del No o de la abstención del chavismo light vino de que en las regiones muchos se dieron cuenta de que el proyecto reforma era la sentencia de muerte de la descentralización, incluyendo a los factores de poder que surgieron en la provincia al amparo del chavismo (la Aragua de Didalco Bolívar y el Barquisimeto del alcalde Henry Falcón son un par de buenos ejemplos). Entonces, esa defensa de la autonomía regional debe aprovecharse no sólo para debilitar más a Chávez y su clara vocación re-centralizadora, sino también para preservar los espacios de expresión ciudadana que la descentralización trajo consigo.
Diez: el chavismo no desaparece. Muy probablemente este referendo marque el comienzo del fin de esta experiencia de poder con Chávez que empezó en diciembre de 1998. Pero él sigue siendo muy fuerte, muy rico y muy poderoso, un adversario formidable al que no debe subestimarse jamás. Este año casi todo le ha salido mal, tanto dentro como fuera de Venezuela, pero sigue siendo el presidente y usará, sin duda, el margen de maniobra que todavía conserva. Es previsible una demostración de fuerza en poco tiempo, para tratar de combatir la impresión de vulnerabilidad que el 2D le tiró encima como una mancha de petróleo; y debemos estar preparados también para que intente -vía Habilitante- ejecutar algunas de las medidas que esperaba hacer prosperar con la reforma frustrada. Pero incluso si Chávez no logra recuperarse y debe dejar el gobierno en 2013, no puede ignorarse que el chavismo llegó para quedarse, que se estableció como un sector de opinión y de influencia muy significativo, y que conservará, después de 2013, la capacidad para regresar al poder. Por favor, no nos olvidemos de eso mientras celebramos el primero de nuestros próximos triunfos.
Dos: el voto sí sirve de algo, sí vale. Ni las guarimbas, ni el bufonesco golpe de Estado del 12 de abril de 2002, ni el paro petrolero ni la abstención antichavista han servido de nada. Votar sí, aunque haya fallado en las ocasiones anteriores. Que los abstencionistas se revisen: sí se puede derrotar al chavismo con el voto, incluso con un CNE que sigue sin ser confiable, incluso ante el gigantesco ventajismo de un Estado secuestrado por la casta gobernante, incluso ante el chorro de plata que circula por la calle. El que el voto sirva de algo significa también que la política, y no las agendas insurreccionales o el darle la espalda a la realidad, es lo único que nos puede sacar de este embrollo, y también lo único que nos puede procurar nuestro verdadero objetivo como nación: volver al camino del desarrollo y la justicia que perdimos en algún punto de los años 70 u 80.
Tres: el No tuvo los votos que tuvo, y no más, por culpa de la abstención antichavista. Si los ciudadanos de oposición (amigos, compañeros, parientes nuestros) que se quedaron en casa o se fueron de viaje o no se inscribieron en el Registro Electoral hubieran votado, tal vez hubiéramos tenido un millón de votos más para el No. Esperemos que esta victoria –muy pequeña en porcentajes pero muy grande en significado- los anime a participar la próxima vez. En las elecciones regionales de 2008, por ejemplo, una estupenda oportunidad para hacer retroceder al chavismo en las gobernaciones y las alcaldías.
Cuatro: la abstención chavista salvó el No. Esos tres millones de votos que tuvo Chávez en la justa contra Rosales y que le faltaron esta vez son de los chavistas que prefirieron hacer silencio ante el proyecto de reforma. Unos pocos votaron cruzado, unos pocos votaron no, pero la inmensa mayoría de ellos –ese chavismo light que consistentemente aparece en las encuestas- optó por evadir la maquinita de Smartmatic. En eso coincido con el gobierno: esos tres millones que no se presentaron decidieron la elección. Es imprescindible que no nos confundamos en la oposición sobre eso. Nosotros hicimos un gran esfuerzo, pero no crecimos sustancialmente. Y tenemos que mirar con otros ojos al chavismo light, que esta vez –no se sabe luego- coincidió con nosotros, aunque por caminos diferentes.
Cinco: Podemos y el movimiento estudiantil se consolidaron como fuerzas de mucho peso. El que era el segundo partido del chavismo –y que viene de la escisión del MAS producida por la filiación inicial a Chávez de la segunda generación de dirigentes masistas- puso su maquinaria y su conocimiento del monstruo por dentro al servicio de una causa común a la nuestra. Y la masa de jóvenes a la que hasta el año pasado acusábamos de una pertinaz indiferencia terminó siendo más lúcida, más organizada y más trabajadora que el puñado de restos de partidos que se sumaron a última hora a la campaña. Estos últimos, los partidos, hicieron lo suyo también, tratando con el CNE y poniendo en práctica su experiencia, pero fueron una minoría más en una constelación de organizaciones y fuerzas que actuaron en red para apoyar al No. En esta ocasión, la alianza opositora fue más heterogénea que nunca, y aplicó una fórmula más o menos espontánea de unidad en la diversidad que me parece interesantísima como ensayo de consenso y como presagio de los modos en que podría estar reconstruyéndose la política entre nosotros.
Seis: los militares no están “patria, socialismo o muerte” con Chávez. Con los márgenes en que terminó esto (partiendo de que no puede comprobarse que el No haya tenido más votos que los que se anunciaron), tuvo que haber una clara presión militar para que Chávez reconociera esos resultados y aceptara su derrota. ¿O es que alguien cree que lo hizo porque en el fondo es un demócrata cabal? Ahí, Raúl Baduel tuvo muy probablemente un papel determinante. No olvidemos que su última intervención pudo ser el empujón final para que Tibisay Lucena diera el tan demorado boletín inicial.
Siete: está emergiendo un centro político. Tres millones de votantes del chavismo light y cuatro millones y medio de la oposición democrática nos pronunciamos, con matices diferenciadores, por la misma opción. Otros tres millones del chavismo duro respaldaron la reforma: ahí también habría que distinguir a los que temen perder sus trabajo o el acceso a las misiones, a los que no se informaron sobre la reforma y a los que están de verdad comprometidos con el proyecto fascista de perpetuación en el poder de Hugo Chávez. Pero el resultado de este referendo ha mostrado, como ningún evento anterior, la relativa coincidencia de expectativas y necesidades que une a los moderados de ambos bandos y, eventualmente, a los llamados NiNis. El discurso de Podemos y del movimiento estudiantil, que reivindica la atención a la pobreza, la solidaridad y la necesidad del cambio pero en democracia y en libertad, debe ahora reforzarse y difundirse para acallar a los extremistas de ambos lados, que tanto daño han hecho, que tanto nos han mantenido estos años en la confrontación, el miedo y la violencia.
Ocho: hay que trabajar ahora para acabar con la polarización. Hay que esforzarse más por entender lo que el chavista corriente tiene en la cabeza, e identificar en él lo que tiene en común con uno. Hay que esforzarse por hablar con el chavismo light, por tratarlo, por hacerle ver que no tiene que pasarse a la oposición ni traicionar sus valores para manifestar sus críticas al gobierno. Hay que preocuparse más por proponer soluciones que por enumerar barbaridades, aunque debemos tener mucho cuidado de que no se nos pase la mano con la indulgencia y no caigamos en la impunidad. Hay que saber perdonar –hasta cierto punto, claro está- los pecados de quienes han estado al otro lado de la brecha política, porque aquí nadie puede tirar la primera piedra. Todos hemos insultado, hemos alimentado estereotipos negativos y hemos modificado la verdad a nuestro antojo.
Nueve: hay que recuperar las regiones. Estoy seguro de que buena parte del voto del No o de la abstención del chavismo light vino de que en las regiones muchos se dieron cuenta de que el proyecto reforma era la sentencia de muerte de la descentralización, incluyendo a los factores de poder que surgieron en la provincia al amparo del chavismo (la Aragua de Didalco Bolívar y el Barquisimeto del alcalde Henry Falcón son un par de buenos ejemplos). Entonces, esa defensa de la autonomía regional debe aprovecharse no sólo para debilitar más a Chávez y su clara vocación re-centralizadora, sino también para preservar los espacios de expresión ciudadana que la descentralización trajo consigo.
Diez: el chavismo no desaparece. Muy probablemente este referendo marque el comienzo del fin de esta experiencia de poder con Chávez que empezó en diciembre de 1998. Pero él sigue siendo muy fuerte, muy rico y muy poderoso, un adversario formidable al que no debe subestimarse jamás. Este año casi todo le ha salido mal, tanto dentro como fuera de Venezuela, pero sigue siendo el presidente y usará, sin duda, el margen de maniobra que todavía conserva. Es previsible una demostración de fuerza en poco tiempo, para tratar de combatir la impresión de vulnerabilidad que el 2D le tiró encima como una mancha de petróleo; y debemos estar preparados también para que intente -vía Habilitante- ejecutar algunas de las medidas que esperaba hacer prosperar con la reforma frustrada. Pero incluso si Chávez no logra recuperarse y debe dejar el gobierno en 2013, no puede ignorarse que el chavismo llegó para quedarse, que se estableció como un sector de opinión y de influencia muy significativo, y que conservará, después de 2013, la capacidad para regresar al poder. Por favor, no nos olvidemos de eso mientras celebramos el primero de nuestros próximos triunfos.
3.12.07
Aportes: se calienta Bolivia (mucho)
Crisis en la región andina
Bolivia se asoma a la violencia y la división
Gobierno y oposición atizan el deseo de enfrentamiento de sus partidarios
JORGE MARIRRODRIGA - Santa Cruz de la Sierra - 30/11/2007
"Ande, cuénteme cómo hicieron para terminar con los indígenas". Camisa blanca y vaqueros, el autor de la frase es un empresario de Santa Cruz, capital de la provincia más hostil al presidente Evo Morales. En el bando indigenista, los ánimos no están más calmados. Los ponchos rojos, la fuerza de choque de Morales, llama a librar la última batalla.
El empresario santacruceño conduce una camioneta todoterreno blanca a bordo de la cual moviliza a una decena de hombres, amigos unos y empleados otros, que acuden a los lugares donde sospechan que los indígenas de Morales tratan de romper la huelga. En las manos hay garrotes, bajo algunos cinturones se adivinan pistolas y en sus bocas las palabras moderadas han desaparecido.
"Las fuerzas se están tensando y habrá que ver lo que sucede. Creo que ese momento está más cerca de lo que parece". Álvaro García-Linera, vicepresidente de Bolivia, advierte desde hace días en público que el clima de confrontación al que se está llegando en el país andino puede tener consecuencias impredecibles. Los dos bandos enfrentados -los que apoyan el proyecto indigenista de Evo Morales por un lado y los que defienden un Estado liberal, por el otro- día a día suben la apuesta de amenazas y gestos hostiles dando alas a los sectores más radicales que hablan de confrontación civil. En la práctica, los dos bandos miden con cautela sus fuerzas en una situación de empantanamiento de lucha por el poder, que según el propio Linera se viene dando desde los años noventa y que califica como un "empate catastrófico".
La escena del hombre de la camioneta se produjo durante la huelga general del pasado miércoles y los indígenas finalmente no aparecieron. La huelga fue un éxito pero eso no calmó los ánimos y así mientras las autoridades de Santa Cruz y otras provincias opuestas al proyecto de Morales llamaron a la desobediencia civil y convocaron una huelga de hambre indefinida desde el próximo lunes, sectores de las juventudes cruceñas pedían la compra de armas y redoblaban sus llamamientos a "defender la patria".
Estos sectores están muy próximos a la Falange Socialista Boliviana, un histórico movimiento ultraderechista nacido en los años treinta, que ha mostrado armas en público durante algunas manifestaciones disparando al aire.
Pero en el bando indigenista los ánimos no están más calmados. Con gritos de "¡guerra civil!, ¡guerra civil!", una multitud acogió en El Alto la semana pasada las palabras del dirigente sindical Edgar Patana. "Ha empezado la batalla decisiva, la última que estaba esperando el pueblo, para poder hacerse escuchar".
Desde el Gobierno boliviano se tacha sin rodeos de "fascista" al movimiento opositor y ayer un líder indígena amenazaba con tomar las tierras de Santa Cruz "inmediatamente" si la Asamblea Constituyente fracasa. El autor de la amenaza es Ruperto Quispe, jefe de los Ponchos Rojos, una organización ancestral de la cultura aymara convertida en una de las fuerzas de choque del presidente Evo Morales y que asegura tener 100.000 miembros en sus filas.
El pasado fin de semana, los Ponchos Rojos movilizaron a 5.000 hombres camino de Sucre cuando llegaron noticias de que la ciudad se había rebelado contra la decisión de aprobar la polémica Constitución impuesta por Morales. La intervención del presidente evitó que la columna indígena pasara de los arrabales de la ciudad convirtiendo una situación límite en un baño de sangre que hasta ahora las partes enfrentadas han tratado de esquivar.
Los Ponchos Rojos -el rojo es un color sagrado en la tradición aymara- aparecieron escoltando a Morales en enero de 2005 cuando el día anterior a jurar como presidente de Bolivia protagonizó un ritual indígena en las ruinas de Tiwanaku por el cual quedaba investido del poder espiritual de sus antepasados.
Formados sólo por hombres mayores de 50 años, los Ponchos Rojos poseen una fuerte influencia sobre la juventud indígena, un hecho que no pasó inadvertido para el Gobierno, que en agosto de 2006 autorizó un desfile conjunto de las Fuerzas Armadas y los Ponchos Rojos, parada que se ha repetido este año.
Evo Morales ya los había convocado en enero pasado "a defender la unidad del país", y aunque los Ponchos Rojos hasta ahora exhiben viejos fusiles máuser de los años cincuenta, el mensaje es claro: se trata de una fuerza muy numerosa, leal al presidente y dispuesta a tomar las armas. Y en la escalada verbal no han faltado gestos de crueldad como cuando los Ponchos Rojos degollaron la semana pasada en una reunión pública a dos cachorros de perro a los que colgaron junto a carteles que rezaban "Comité Cívico de Santa Cruz (...) Representan a los perros que quieren acabar con la Constituyente", declaró el maestro de ceremonias entre los aplausos de los asistentes.
[A última hora de ayer, el presidente Evo Morales pidió a la Asamblea Constituyente que convoque "a todos los partidos" para terminar de aprobar la nueva Carta Magna, después de que los embajadores de la Unión Europea le solicitaran en una reunión que respete la legalidad y los principios democráticos, informa Efe].
Bolivia se asoma a la violencia y la división
Gobierno y oposición atizan el deseo de enfrentamiento de sus partidarios
JORGE MARIRRODRIGA - Santa Cruz de la Sierra - 30/11/2007
"Ande, cuénteme cómo hicieron para terminar con los indígenas". Camisa blanca y vaqueros, el autor de la frase es un empresario de Santa Cruz, capital de la provincia más hostil al presidente Evo Morales. En el bando indigenista, los ánimos no están más calmados. Los ponchos rojos, la fuerza de choque de Morales, llama a librar la última batalla.
El empresario santacruceño conduce una camioneta todoterreno blanca a bordo de la cual moviliza a una decena de hombres, amigos unos y empleados otros, que acuden a los lugares donde sospechan que los indígenas de Morales tratan de romper la huelga. En las manos hay garrotes, bajo algunos cinturones se adivinan pistolas y en sus bocas las palabras moderadas han desaparecido.
"Las fuerzas se están tensando y habrá que ver lo que sucede. Creo que ese momento está más cerca de lo que parece". Álvaro García-Linera, vicepresidente de Bolivia, advierte desde hace días en público que el clima de confrontación al que se está llegando en el país andino puede tener consecuencias impredecibles. Los dos bandos enfrentados -los que apoyan el proyecto indigenista de Evo Morales por un lado y los que defienden un Estado liberal, por el otro- día a día suben la apuesta de amenazas y gestos hostiles dando alas a los sectores más radicales que hablan de confrontación civil. En la práctica, los dos bandos miden con cautela sus fuerzas en una situación de empantanamiento de lucha por el poder, que según el propio Linera se viene dando desde los años noventa y que califica como un "empate catastrófico".
La escena del hombre de la camioneta se produjo durante la huelga general del pasado miércoles y los indígenas finalmente no aparecieron. La huelga fue un éxito pero eso no calmó los ánimos y así mientras las autoridades de Santa Cruz y otras provincias opuestas al proyecto de Morales llamaron a la desobediencia civil y convocaron una huelga de hambre indefinida desde el próximo lunes, sectores de las juventudes cruceñas pedían la compra de armas y redoblaban sus llamamientos a "defender la patria".
Estos sectores están muy próximos a la Falange Socialista Boliviana, un histórico movimiento ultraderechista nacido en los años treinta, que ha mostrado armas en público durante algunas manifestaciones disparando al aire.
Pero en el bando indigenista los ánimos no están más calmados. Con gritos de "¡guerra civil!, ¡guerra civil!", una multitud acogió en El Alto la semana pasada las palabras del dirigente sindical Edgar Patana. "Ha empezado la batalla decisiva, la última que estaba esperando el pueblo, para poder hacerse escuchar".
Desde el Gobierno boliviano se tacha sin rodeos de "fascista" al movimiento opositor y ayer un líder indígena amenazaba con tomar las tierras de Santa Cruz "inmediatamente" si la Asamblea Constituyente fracasa. El autor de la amenaza es Ruperto Quispe, jefe de los Ponchos Rojos, una organización ancestral de la cultura aymara convertida en una de las fuerzas de choque del presidente Evo Morales y que asegura tener 100.000 miembros en sus filas.
El pasado fin de semana, los Ponchos Rojos movilizaron a 5.000 hombres camino de Sucre cuando llegaron noticias de que la ciudad se había rebelado contra la decisión de aprobar la polémica Constitución impuesta por Morales. La intervención del presidente evitó que la columna indígena pasara de los arrabales de la ciudad convirtiendo una situación límite en un baño de sangre que hasta ahora las partes enfrentadas han tratado de esquivar.
Los Ponchos Rojos -el rojo es un color sagrado en la tradición aymara- aparecieron escoltando a Morales en enero de 2005 cuando el día anterior a jurar como presidente de Bolivia protagonizó un ritual indígena en las ruinas de Tiwanaku por el cual quedaba investido del poder espiritual de sus antepasados.
Formados sólo por hombres mayores de 50 años, los Ponchos Rojos poseen una fuerte influencia sobre la juventud indígena, un hecho que no pasó inadvertido para el Gobierno, que en agosto de 2006 autorizó un desfile conjunto de las Fuerzas Armadas y los Ponchos Rojos, parada que se ha repetido este año.
Evo Morales ya los había convocado en enero pasado "a defender la unidad del país", y aunque los Ponchos Rojos hasta ahora exhiben viejos fusiles máuser de los años cincuenta, el mensaje es claro: se trata de una fuerza muy numerosa, leal al presidente y dispuesta a tomar las armas. Y en la escalada verbal no han faltado gestos de crueldad como cuando los Ponchos Rojos degollaron la semana pasada en una reunión pública a dos cachorros de perro a los que colgaron junto a carteles que rezaban "Comité Cívico de Santa Cruz (...) Representan a los perros que quieren acabar con la Constituyente", declaró el maestro de ceremonias entre los aplausos de los asistentes.
[A última hora de ayer, el presidente Evo Morales pidió a la Asamblea Constituyente que convoque "a todos los partidos" para terminar de aprobar la nueva Carta Magna, después de que los embajadores de la Unión Europea le solicitaran en una reunión que respete la legalidad y los principios democráticos, informa Efe].
25.11.07
Urgente: mejoran las condiciones para votar

REFERÉNDUM CNE dio más garantías, pero persiste el desequilibrio en la campaña
Técnicos aseguran que es improbable develar secreto del voto Se incorporaron dos auditorías: transmisión y la tinta. Las captahuellas estarán desconectadas
CELINA CARQUEZ
ccarquez@el-nacional.com
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De la apertura de 1% de las cajas al cierre de la votación en el referéndum revocatorio presidencial 2004 se pasó a 54% de las cajas. De tener testigos en muy pocas auditorías, ahora los partidos participan activamente en las 10 revisiones del sistema electoral que se hacen rutinariamente antes de una contienda.
En tres años, desde que todas las fases del proceso de votación se automatizaron, los partidos políticos de oposición y el Consejo Nacional Electoral construyeron un conjunto de garantías técnicas para el ejercicio del voto.
Para el referéndum del 2 de diciembre, el CNE realizó una decena de auditorías con la presencia de las organizaciones políticas: hardware y software de las máquinas de votación, hardware y software de los equipos captahuellas, sistemas de totalización, prueba de ingeniería, códigos fuente, cuadernos de votación, Registro Electoral y prueba de predespacho o error cero.
Por primera vez se realizó una revisión exhaustiva –con presencia de testigos de los partidos– de los sistemas de transmisión de datos que emplea la Cantv, y la tinta indeleble que se usa en la contienda.
A diferencia de otros procesos electorales, el domingo 2 no habrá misiones electorales de la Unión Europea o de la Organización de Estados Americanos. En general, estos organismos piden que se les envíe la invitación con seis meses de anticipación, para poder organizar el grupo de técnicos que viajarán a un determinado país, según las características de la elección.
Como la convocatoria se hizo un mes antes de los comicios, los observadores no pudieron asistir. El CNE invitó a 100 personalidades y autoridades electorales del hemisferio.Ojo Electoral, Asamble de Educación y Profesores por la Equidad serán veedores nacionales.
Vicente Bello, coordinador electoral de Un Nuevo Tiempo, explicó que más que condiciones o garantías, prefieren hablar de vigilancias y auditorías para sufragar.
No obstante, enfatizó en que el organismo comicial es proclive al oficialismo, y que en esta campaña ha sido más pronunciado el favoritismo.
"El CNE está sesgado y la campaña está marcada por el desequilibrio en la publicidad. Lo que sucede con las cuñas también pasa en cierta medida en todos los procesos".
Explicó que para estos comicios pudieron participar en las revisiones de hardware y software de las captahuellas y máquinas de votación; también auditaron los sistemas de transmisión y recordó que en 2006 sólo tuvieron testigos en la sala de transmisión.
Destacó que otro de los logros ha sido la clara delimitación de las funciones de los efectivos que trabajan en el Plan República: "Los militares no estarán en las mesas, sino afuera de los centros para evitar desórdenes y custodiar el material electoral".
Dijo que pedirán que la Facultad de Farmacia garantice en un documento la fórmula que se utiliza para elaborar la tinta indeleble, y que las tintas guardan el mismo contenido en proporción.
Juan Carlos Caldera, vocero electoral de Primero Justicia, dejó en claro que las condiciones técnicas para participar se han logrado participando en las elecciones. "Tendríamos menos garantías si se hubiese optado por la abstención, este camino lo hemos construido desde la acera de la participación".
Recordó que en 2004, cuando se celebró el revocatorio presidencial, los equipos de votación estaban conectados en todo momento. Ahora, las máquinas sólo se conectan para transmitir y se imprime un acta de inicialización.
"De no realizar ningún tipo de auditorías, ahora participamos, pese a las dificultades, en todas las revisiones. De un planteamiento de implementar cuadernos electrónicos de votación, logramos que se mantuvieran los cuadernos de votación manuales", afirmó.
Enfatizó que no hay razones para temer que se tomen represalias contra quienes voten.
Dijo que la lista de Tascón y el CD del Comando Maisanta se elaboraron con los datos de la ciudadanía que pidió un referéndum contra el Presidente.
"La garantía más importante es la auditoría ciudadana el día de la elección. Tras las presidenciales de 2006 nadie fue despedido o coaccionado por haber votado. No hubo ni una sola denuncia", subrayó.
Enrique Márquez, vocero del Bloque del No, coincidió con Caldera y Bello en que el organismo comicial ha hecho poco para disminuir los desequilibrios en los medios de comunicación social, y evitar los excesos en la propaganda.
"El CNE políticamente está parcializado y es una situación riesgosa; no es un ente imparcial. Opera en ellos una alta carga emotiva hacia el oficialismo. Eso se ha hecho evidente con las suspensiones de publicidad del Bloque del No", sentenció.
Reconoció que en las evaluaciones que se hicieron del padrón y de los cuadernos de votación, se concluyó que no había migraciones de votantes y que los cuadernos son copias fieles y exactas del padrón.
Improbable descifrar.
En el informe final de la Misión de Observación Electoral de 2006 se dijo que "la presencia de los expertos técnicos externos en las auditorías, y particularmente en las relacionadas con la máquina de votación, influyó positivamente en la mejora del proceso de verificación del sistema automatizado a través de sus peticiones al CNE y los acuerdos alcanzados".
La misión concluye que el sistema automatizado contó con mejoras con respecto al 2005: "Fue seguro y confiable, a pesar de las dudas todavía persistentes en la opinión pública".
Los temores sobre la posibilidad de que se descifrara el secreto del voto surgieron cuando una semana antes de las elecciones parlamentarias, técnicos de Ojo Electoral y Primero Justicia detectaron –en una auditoría del CNE– un archivo en el sistema operativo de las máquinas de votación que guardaba la hora en que un elector había votado.
Ese archivo, al cruzarse con la información que almacenaban las captahuellas, teóricamente, podría derivar en el desencriptamiento de la votación. Por ello, el CNE retiró los equipos, pero la oposición igual abandonó la contienda.
Bello recalcó: "A los equipos se les agregó un programa que reordena la información y registra una misma hora siempre. No es posible determinar el orden en que accedieron los electores. Y esa es la clave".
Apuntes: ojo con la participación en las mesas electorales
El CNE ha estado mandando mensajes de texto a los celulares de quienes designó como miembros de mesa. A mí me lo mandaron; como el año pasado, me toca estar en una mesa, ir a recibir mi cursillo y mi credencial y estar el domingo desde que se instalan las mesas hasta que se redactan las actas.
Me llegó este dato: "A los cursos de capacitación para miembros de mesa del CNE cualquier persona puede ir, haya sido o no seleccionado como tal por el organismo comicial. Los voluntarios integrarían los miembros de reserva en caso de ausencia de los miembros seleccionados oficialmente por el CNE al momento de instalar las mesas el día viernes 30, a partir de las 8 am. Las personas que de manera voluntaria quieran asistir al curso (que dura aproximadamente 1 hora o menos) lo podrían hacer sin ningún problema, y así pueden decirlo a los instructores, quienes anotaran sus nombres, cedulas, telefonos, para localizarlos y, darles la correspondiente acreditación para una eventual participación el 2D. Es conveniente entonces que las personas que tengan disponibilidad para esta actividad lo hagan en el centro de capacitación más cercano a su centro de votación, correspondiente a su parroquia.
Lo importante es cuidar el voto en las mesas. Para ello es fundamental que estemos presente en ellas hasta el final de las auditorías de cierre de las mesas y por ningún concepto abandonar los centros sino una vez tengamos las actas debidamente firmadas por todos los miembros de mesa"
Y además, este:
"La Asociación Civil Asamblea de Educación, ha sido acreditada por el CNE para ser observadores en el referendo del 2D, y necesitan voluntarios. Si estás interesado, envianos los siguientes datos por esta vía a la dirección de Ciudadanía Activa (ac_ciudadaniaactiva@hotmail.com)lo antes posible:
Nombre completo,
cédula de identidad,
teléfono celular,
correo electrónico,
centro de votación sugerido,
disponibilidad para ir a otro centro.
Los miembros y amigos que ya estén comprometidos para ese día, por favor avísennos dónde y qué estarán haciendo ese día, para poder mantenernos informados sobre lo que sucede de primera mano. Saludos,
El Equipo Coordinador".
Me llegó este dato: "A los cursos de capacitación para miembros de mesa del CNE cualquier persona puede ir, haya sido o no seleccionado como tal por el organismo comicial. Los voluntarios integrarían los miembros de reserva en caso de ausencia de los miembros seleccionados oficialmente por el CNE al momento de instalar las mesas el día viernes 30, a partir de las 8 am. Las personas que de manera voluntaria quieran asistir al curso (que dura aproximadamente 1 hora o menos) lo podrían hacer sin ningún problema, y así pueden decirlo a los instructores, quienes anotaran sus nombres, cedulas, telefonos, para localizarlos y, darles la correspondiente acreditación para una eventual participación el 2D. Es conveniente entonces que las personas que tengan disponibilidad para esta actividad lo hagan en el centro de capacitación más cercano a su centro de votación, correspondiente a su parroquia.
Lo importante es cuidar el voto en las mesas. Para ello es fundamental que estemos presente en ellas hasta el final de las auditorías de cierre de las mesas y por ningún concepto abandonar los centros sino una vez tengamos las actas debidamente firmadas por todos los miembros de mesa"
Y además, este:
"La Asociación Civil Asamblea de Educación, ha sido acreditada por el CNE para ser observadores en el referendo del 2D, y necesitan voluntarios. Si estás interesado, envianos los siguientes datos por esta vía a la dirección de Ciudadanía Activa (ac_ciudadaniaactiva@hotmail.com)lo antes posible:
Nombre completo,
cédula de identidad,
teléfono celular,
correo electrónico,
centro de votación sugerido,
disponibilidad para ir a otro centro.
Los miembros y amigos que ya estén comprometidos para ese día, por favor avísennos dónde y qué estarán haciendo ese día, para poder mantenernos informados sobre lo que sucede de primera mano. Saludos,
El Equipo Coordinador".
Aportes: Fernando Mires explica por qué votar
La Democracia entre dos fuegos
Fernando Mires
23/11/2007 8:50:34
Mi estimado amigo, el escritor venezolano Eduardo Casanova me envió un e-mail con dos preguntas
¿Hay que votar el próximo 2 de diciembre?
¿No hay que votar el próximo 2 de diciembre?
Yo respondí que como no soy venezolano, no puedo votar, pero si lo fuera, votaría no. Acompañé mi respuesta con una breve fundamentación. Esta es la reproducción ampliada de dicha fundamentación, la que he escrito en clave de artículo
1. Más allá de los resultados
El referendo que probablemente tendrá lugar en Venezuela el próximo 2.12.07 en torno a la mal llamada reforma constitucional (en verdad se trata de otra constitución) ha tenido la particularidad de alinear a las fuerzas políticas contendientes en condiciones diferentes a como estaban alineadas antes del intento del “golpe constitucional”, como también ha sido llamada la reforma.
Ya es casi un hecho que la votación que alcanzará la oposición a la llamada reforma será muy alta. Si ella bastará para derrotar al oficialismo, depende no sólo de las matemáticas, sino que de la capacidad de presión que logre obtener el movimiento anti.-reforma sobre el CNE, el tribunal electoral más corrupto de toda América Latina.
Pero más allá de los resultados, hay que consignar hechos significativos que ya permiten augurar momentos de victoria para la oposición democrática venezolana. Y el hecho más significativo de todos, es que la lucha en contra de la llamada reforma ha dado lugar a una concertación política que no sólo es cuantitativamente superior a la que existía hasta hace un año, sino que, además, alcanza nuevos perfiles cualitativos altamente novedosos en las luchas democráticas del continente.
2.Una nueva concertación política
La concertación política a la que me estoy refiriendo, ha tenido lugar en dos espacios diferentes. Uno es el espacio de las organizaciones políticas propiamente tales. El otro es el espacio de la llamada sociedad civil. A la vez, dicha concertación aparece como algo posible gracias a la emergencia de nuevos actores de alta significación política. En el primer plano, el actor más significante apareció con la puesta en escena del chavismo constitucionalista. En el segundo plano, el actor más significante apareció con el movimiento estudiantil.
Tanto el chavismo constitucionalista como el movimiento estudiantil han sido las revelaciones principales del último tiempo, nuevas apariciones que han creado alternativas orientadas hacia una refundación de la política venezolana, tan deteriorada por el chavismo pro-dictatorial.
Las deserciones observadas al interior del chavismo - cuyos ejemplos más espectaculares han sido la valiente actitud de PODEMOS y su indiscutido líder Ismael García, y la actitud democrática del general Baduel - están planteadas en primera línea frente a la reforma pro-dictatorial en ciernes. Pero, a la vez, hay que dejar en claro que ellas tienen que ver con la propia naturaleza del movimiento chavista.
Como todo movimiento populista, el chavismo es radicalmente heterogéneo. No obstante, en el marco de esa heterogeneidad se han ido vislumbrando frente a la llamada reforma, dos tendencias principales. A la primera, podemos denominarla: democrática y social. A la segunda. dictatorial y militarista.
La tendencia democrática incorporó en las filas del chavismo a sectores que vieron en el movimiento, la posibilidad de realizar reformas estructurales profundas en la sociedad venezolana, las que algunas, y en parte, aunque de un modo muy desordenado, ya han tenido lugar.
La tendencia dictatorial y militarista no considera, en cambio, que las reformas sociales son un fin en sí, sino que solo un medio para la realización de un proyecto de toma de poder. El claro objetivo de esta segunda tendencia de inspiración netamente castrista es imponer en Venezuela una dictadura militar basada en la creación de organismos verticales de masas, vinculados directamente al Estado, en cuya cúspide se situaría la Presidencia, rodeada de un séquito de amigos íntimos del (eventualmente) futuro dictador, con pleno control sobre el aparato militar, las milicias, la policía, el partido único, los consejos comunales, los batallones, los pelotones, y otros diversos grupos armados y de choque. En fin, se trata de la reimplantación del modelo estatal cubano en Venezuela (justo en los momentos en que ese modelo comienza a deteriorarse en Cuba).
La expresión más nítida del proyecto dictatorial, es la propia reforma constitucional. Contra ella se levantaron, y seguirán levantándose, diversas fracciones del chavismo constitucional.
Eso significa que el populismo chavista está condenado a escindirse en dos partes que, por ahora solo se sostienen gracias al mesianismo mágico de un caudillo, quien cada día que pasa es menos mesiánico, menos mágico y menos caudillo.
La lucha en contra de la reforma dictatorial ha tenido la gran virtud de abrir una puerta de entrada al chavismo constitucional -puerta ya traspasada por PODEMOS- que vinculado a la también nueva estructura política opositora (Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Movimiento al Socialismo, los restos de Acción Democrática y de COPEI, y otras organizaciones menores) permiten ya visualizar la formación de un bloque político desde donde, más temprano que tarde, surgirá la coalición política mayoritaria de la nación. Eso probablemente lo percibe el núcleo duro del chavismo pro-dictatorial, y es por eso que hace y hará todo lo posible para descalificar a su disidencia interna de un modo aún más brutal que a la propia oposición.
3.Los Estudiantes y la Iglesia
El segundo plano ha tenido dos actores principales. Por una parte, la irrupción del movimiento estudiantil, activo desde que inició su campaña por la libertad de opinión, cercenada con el cierre de RCTV, y amparándolo desde atrás, la admirable iglesia católica venezolana.
Hay, en ese sentido, un parecido extraordinario con la oposición que surgió una vez en Polonia, cuando Iglesia y Solidarnosc enfrentaron a la dictadura comunista primero, a la dictadura militar después, y a ambas derrotaron. Ahora bien: los estudiantes venezolanos son el Solidarnosc venezolano. La Iglesia, como ocurrió en Polonia (o en Chile) es la representación moral de la nación, en un país que no se deja seducir por el cristianismo utilitario representado por Chávez y algunos chavistas.
Tanto representantes de la vieja Iglesia, como los jóvenes estudiantes, han llamado a votar NO. Y la nación democrática ha aceptado esa conducción moral, cultural y política a la vez. Alrededor de los activos estudiantes la sociedad civil protesta. Lo que queda de los sindicatos, los representantes de la cultura, los gremios, las comunidades, alcaldes, todos se van sumando por la larga marcha por el NO a la dictadura.
El pueblo, en su más primaria acepción se va constituyendo soberanamente a través de una doble vía: la política y la social, y en ambas, pacíficamente avanza, con las manos de los estudiantes pintadas de blanco, diciendo NO, un NO, que está ya siendo escuchado en el continente entero, y aún más allá.
Y van a votar, sabiendo que ahí están los funcionarios chavistas de la CNE. Es que no hay otra posibilidad, y la asumen todos ellos, con un valor que simplemente sobrecoge.
Ellos, disidentes, estudiantes, representantes civiles del orden social, están luchando para salvar una democracia. Su objetivo no es derribar al gobierno, pero sí que ese gobierno se acoja a la constitución y a las leyes. Y vencerán, que duda cabe. Vencerán. Con trampas o sin trampas, son lo mejor de la nación venezolana, y en estos momentos, ellos, sin quererlo, ya son la vanguardia democrática de todo un continente.
La tarea es y será muy difícil. No sólo tendrán que derrotar a lo peor del chavismo dictatorial enquistado en el Estado. Tendrán que derrotar, además, al mejor aliado del chavismo: el abstencionismo.
4.- La amenaza abstencionista
Abstencionismo hay en todas partes y en todos los países donde hay elecciones. El problema es que en Venezuela ha alcanzado una dimensión altamente peligrosa. Pero para ser más preciso, hay tres abstencionismos en Venezuela. El apolítico, el político y el antipolítico.
El abstencionismo apolítico , los llamados “ni-ni”, se dan en todas partes. Se trata de personas que no se interesan ni por su ciudad, ni por su nación ni por su Estado. Sólo se interesan por ellos mismos y sus posibilidades consumidoras. El mundo es para ellos una tienda comercial y mientras haya dinero para el día todo está bien. Pero no hay que juzgarlos ni condenarlos. Pues es difícil alcanzar la condición de ciudadano político y hay quienes no quieren cargar con ella. Mientras tengan comida, casa y auto, el mundo estará en orden, y desde una perspectiva vegetal y animal, ellos tienen toda la razón.
El abstencionismo político en cambio, es diferente, aunque en los cómputos finales aparecerá confundido con el abstencionismo apolítico.
En Venezuela, si bien declinando, hay un abstencionismo político antichavista relativamente fuerte. Dicho abstencionismo se basa en dos principios formales. El primero se expresa en la siguiente pregunta “¿qué sacas tú con votar si al final la CNE te robará los votos?”. El segundo dice así: “si la reforma es ilegítima, votar es ilegítimo”. Y vuelvo a repetir, desde una perspectiva de pura lógica formal, ambos principios son ciertos.
No obstante, los abstencionistas políticos no entienden que la razón política no se deja regir por los mismos criterios que aquellos que rigen en lógica formal.
Primero, esos abstencionistas no entienden que los fraudes electorales son mucho más visibles cuando hay una votación alta. Que mientras más sean los votos, más difícil será para la CNE ocultar su robo. Y que más fácil será cobrar con más votos que con menos votos, y esta vez, definitivamente, habrá que cobrar. Si a plazo o definitivamente de una vez por todas, podrá discutirse a su debido tiempo; pero de cobrar, habrá que cobrar. Pero para cobrar hay que votar, pues nadie puede cobrar lo que no ha dado, en este caso, el voto. Eso quiere decir, que en el mejor de los casos, la votación antireforma, si es muy alta, deberá conducir al primer triunfo en contra del chavismo antidemocrático. Y en el peor de los casos, si es considerable, pero no extraordinariamente alta, asegurará la continuidad de la lucha. Si llegara a ser muy baja, nunca habrá “un día después”. El no-voto de los abstencionistas no lo contará nadie; ni siquiera ellos mismos.
Segundo, esos abstencionistas no entienden que la legitimidad moral o jurídica no es lo mismo que la acción política. Cierto es que la reforma es jurídicamente ilegítima. Por eso, la única alternativa frente a esa ilegitimidad no puede ser una declaración notarial, sino que un claro NO político; un NO que no se expresa como en las sociedades primitivas por simple aclamación, sino que de modo escrito: en un papel y votando. El NO será, en este caso, la protesta legítima frente a la ilegitimidad de la reforma.
Por último, el abstencionismo antipolítico. Es el más peligroso de todos. Pues amparada en la cada vez más débil voluntad abstencionista, ha cobrado vida en Venezuela una ultraderecha histérica, delirante y, no por último, tendencialmente golpista, que, como suele ocurrir en muchos casos, ha internalizado tanto la lógica como el lenguaje del “enemigo”. Esa ultraderecha tiene escasas vinculaciones con el pueblo y su poder de movilización es casi nulo. Pero sueña con una mítica insurrección de masas desbocadas en una protesta sin retorno que marcha hacia la inmolación colectiva, condición de una supuesta victoria, que surgirá como un Ave Fénix desde las cenizas del Apocalipsis total. En cierto modo, ellos representan la otra versión del chavismo dictatorial. Ellos son las “patriaomuerte”, o los “rodilla en tierra”, de un antichavismo ya mimetizado con el chavismo dictatorial. Y lo más peligroso de todo, es que esa derecha salvaje, está en condiciones de alterar - al igual que el chavismo dictatorial con el cual se encuentra inconscientemente comunicada- el difícil proceso de democratización que hoy tiene lugar en Venezuela. Esa derecha ha puesto, definitivamente, a la opción democrática entre dos fuegos.
Razón de más para que los abstencionistas demócratas se decidan, de una vez por todas, a votar NO.
Votando no hay nada que perder. No votando, los abstencionistas de hoy, deberán vivir arrepentidos para siempre.
5. En síntesis
Ganando o no, y aún con trampas, la oposición democrática alcanzará una votación alta en el referendo. Desde ahí crecerá más y más una oposición que integrará al chavismo democrático y social con los demás partidos democráticos de la nación. Conjuntamente a la rearticulación de la sociedad civil –que ocurre gracias sobre todo a la acción de los estudiantes, la disidencia chavista constitucional, los partidos democráticos y la Iglesia- ya se está formando en Venezuela un bloque político orgánico destinado a constituirse, en un breve plazo, en una alternativa republicana y democrática de poder que terminará por cerrar el momento militarista y dictatorial que hoy representan el Presidente Chávez y sus talibanes ideológicos.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/2355227.asp
Fernando Mires
23/11/2007 8:50:34
Mi estimado amigo, el escritor venezolano Eduardo Casanova me envió un e-mail con dos preguntas
¿Hay que votar el próximo 2 de diciembre?
¿No hay que votar el próximo 2 de diciembre?
Yo respondí que como no soy venezolano, no puedo votar, pero si lo fuera, votaría no. Acompañé mi respuesta con una breve fundamentación. Esta es la reproducción ampliada de dicha fundamentación, la que he escrito en clave de artículo
1. Más allá de los resultados
El referendo que probablemente tendrá lugar en Venezuela el próximo 2.12.07 en torno a la mal llamada reforma constitucional (en verdad se trata de otra constitución) ha tenido la particularidad de alinear a las fuerzas políticas contendientes en condiciones diferentes a como estaban alineadas antes del intento del “golpe constitucional”, como también ha sido llamada la reforma.
Ya es casi un hecho que la votación que alcanzará la oposición a la llamada reforma será muy alta. Si ella bastará para derrotar al oficialismo, depende no sólo de las matemáticas, sino que de la capacidad de presión que logre obtener el movimiento anti.-reforma sobre el CNE, el tribunal electoral más corrupto de toda América Latina.
Pero más allá de los resultados, hay que consignar hechos significativos que ya permiten augurar momentos de victoria para la oposición democrática venezolana. Y el hecho más significativo de todos, es que la lucha en contra de la llamada reforma ha dado lugar a una concertación política que no sólo es cuantitativamente superior a la que existía hasta hace un año, sino que, además, alcanza nuevos perfiles cualitativos altamente novedosos en las luchas democráticas del continente.
2.Una nueva concertación política
La concertación política a la que me estoy refiriendo, ha tenido lugar en dos espacios diferentes. Uno es el espacio de las organizaciones políticas propiamente tales. El otro es el espacio de la llamada sociedad civil. A la vez, dicha concertación aparece como algo posible gracias a la emergencia de nuevos actores de alta significación política. En el primer plano, el actor más significante apareció con la puesta en escena del chavismo constitucionalista. En el segundo plano, el actor más significante apareció con el movimiento estudiantil.
Tanto el chavismo constitucionalista como el movimiento estudiantil han sido las revelaciones principales del último tiempo, nuevas apariciones que han creado alternativas orientadas hacia una refundación de la política venezolana, tan deteriorada por el chavismo pro-dictatorial.
Las deserciones observadas al interior del chavismo - cuyos ejemplos más espectaculares han sido la valiente actitud de PODEMOS y su indiscutido líder Ismael García, y la actitud democrática del general Baduel - están planteadas en primera línea frente a la reforma pro-dictatorial en ciernes. Pero, a la vez, hay que dejar en claro que ellas tienen que ver con la propia naturaleza del movimiento chavista.
Como todo movimiento populista, el chavismo es radicalmente heterogéneo. No obstante, en el marco de esa heterogeneidad se han ido vislumbrando frente a la llamada reforma, dos tendencias principales. A la primera, podemos denominarla: democrática y social. A la segunda. dictatorial y militarista.
La tendencia democrática incorporó en las filas del chavismo a sectores que vieron en el movimiento, la posibilidad de realizar reformas estructurales profundas en la sociedad venezolana, las que algunas, y en parte, aunque de un modo muy desordenado, ya han tenido lugar.
La tendencia dictatorial y militarista no considera, en cambio, que las reformas sociales son un fin en sí, sino que solo un medio para la realización de un proyecto de toma de poder. El claro objetivo de esta segunda tendencia de inspiración netamente castrista es imponer en Venezuela una dictadura militar basada en la creación de organismos verticales de masas, vinculados directamente al Estado, en cuya cúspide se situaría la Presidencia, rodeada de un séquito de amigos íntimos del (eventualmente) futuro dictador, con pleno control sobre el aparato militar, las milicias, la policía, el partido único, los consejos comunales, los batallones, los pelotones, y otros diversos grupos armados y de choque. En fin, se trata de la reimplantación del modelo estatal cubano en Venezuela (justo en los momentos en que ese modelo comienza a deteriorarse en Cuba).
La expresión más nítida del proyecto dictatorial, es la propia reforma constitucional. Contra ella se levantaron, y seguirán levantándose, diversas fracciones del chavismo constitucional.
Eso significa que el populismo chavista está condenado a escindirse en dos partes que, por ahora solo se sostienen gracias al mesianismo mágico de un caudillo, quien cada día que pasa es menos mesiánico, menos mágico y menos caudillo.
La lucha en contra de la reforma dictatorial ha tenido la gran virtud de abrir una puerta de entrada al chavismo constitucional -puerta ya traspasada por PODEMOS- que vinculado a la también nueva estructura política opositora (Un Nuevo Tiempo, Primero Justicia, Movimiento al Socialismo, los restos de Acción Democrática y de COPEI, y otras organizaciones menores) permiten ya visualizar la formación de un bloque político desde donde, más temprano que tarde, surgirá la coalición política mayoritaria de la nación. Eso probablemente lo percibe el núcleo duro del chavismo pro-dictatorial, y es por eso que hace y hará todo lo posible para descalificar a su disidencia interna de un modo aún más brutal que a la propia oposición.
3.Los Estudiantes y la Iglesia
El segundo plano ha tenido dos actores principales. Por una parte, la irrupción del movimiento estudiantil, activo desde que inició su campaña por la libertad de opinión, cercenada con el cierre de RCTV, y amparándolo desde atrás, la admirable iglesia católica venezolana.
Hay, en ese sentido, un parecido extraordinario con la oposición que surgió una vez en Polonia, cuando Iglesia y Solidarnosc enfrentaron a la dictadura comunista primero, a la dictadura militar después, y a ambas derrotaron. Ahora bien: los estudiantes venezolanos son el Solidarnosc venezolano. La Iglesia, como ocurrió en Polonia (o en Chile) es la representación moral de la nación, en un país que no se deja seducir por el cristianismo utilitario representado por Chávez y algunos chavistas.
Tanto representantes de la vieja Iglesia, como los jóvenes estudiantes, han llamado a votar NO. Y la nación democrática ha aceptado esa conducción moral, cultural y política a la vez. Alrededor de los activos estudiantes la sociedad civil protesta. Lo que queda de los sindicatos, los representantes de la cultura, los gremios, las comunidades, alcaldes, todos se van sumando por la larga marcha por el NO a la dictadura.
El pueblo, en su más primaria acepción se va constituyendo soberanamente a través de una doble vía: la política y la social, y en ambas, pacíficamente avanza, con las manos de los estudiantes pintadas de blanco, diciendo NO, un NO, que está ya siendo escuchado en el continente entero, y aún más allá.
Y van a votar, sabiendo que ahí están los funcionarios chavistas de la CNE. Es que no hay otra posibilidad, y la asumen todos ellos, con un valor que simplemente sobrecoge.
Ellos, disidentes, estudiantes, representantes civiles del orden social, están luchando para salvar una democracia. Su objetivo no es derribar al gobierno, pero sí que ese gobierno se acoja a la constitución y a las leyes. Y vencerán, que duda cabe. Vencerán. Con trampas o sin trampas, son lo mejor de la nación venezolana, y en estos momentos, ellos, sin quererlo, ya son la vanguardia democrática de todo un continente.
La tarea es y será muy difícil. No sólo tendrán que derrotar a lo peor del chavismo dictatorial enquistado en el Estado. Tendrán que derrotar, además, al mejor aliado del chavismo: el abstencionismo.
4.- La amenaza abstencionista
Abstencionismo hay en todas partes y en todos los países donde hay elecciones. El problema es que en Venezuela ha alcanzado una dimensión altamente peligrosa. Pero para ser más preciso, hay tres abstencionismos en Venezuela. El apolítico, el político y el antipolítico.
El abstencionismo apolítico , los llamados “ni-ni”, se dan en todas partes. Se trata de personas que no se interesan ni por su ciudad, ni por su nación ni por su Estado. Sólo se interesan por ellos mismos y sus posibilidades consumidoras. El mundo es para ellos una tienda comercial y mientras haya dinero para el día todo está bien. Pero no hay que juzgarlos ni condenarlos. Pues es difícil alcanzar la condición de ciudadano político y hay quienes no quieren cargar con ella. Mientras tengan comida, casa y auto, el mundo estará en orden, y desde una perspectiva vegetal y animal, ellos tienen toda la razón.
El abstencionismo político en cambio, es diferente, aunque en los cómputos finales aparecerá confundido con el abstencionismo apolítico.
En Venezuela, si bien declinando, hay un abstencionismo político antichavista relativamente fuerte. Dicho abstencionismo se basa en dos principios formales. El primero se expresa en la siguiente pregunta “¿qué sacas tú con votar si al final la CNE te robará los votos?”. El segundo dice así: “si la reforma es ilegítima, votar es ilegítimo”. Y vuelvo a repetir, desde una perspectiva de pura lógica formal, ambos principios son ciertos.
No obstante, los abstencionistas políticos no entienden que la razón política no se deja regir por los mismos criterios que aquellos que rigen en lógica formal.
Primero, esos abstencionistas no entienden que los fraudes electorales son mucho más visibles cuando hay una votación alta. Que mientras más sean los votos, más difícil será para la CNE ocultar su robo. Y que más fácil será cobrar con más votos que con menos votos, y esta vez, definitivamente, habrá que cobrar. Si a plazo o definitivamente de una vez por todas, podrá discutirse a su debido tiempo; pero de cobrar, habrá que cobrar. Pero para cobrar hay que votar, pues nadie puede cobrar lo que no ha dado, en este caso, el voto. Eso quiere decir, que en el mejor de los casos, la votación antireforma, si es muy alta, deberá conducir al primer triunfo en contra del chavismo antidemocrático. Y en el peor de los casos, si es considerable, pero no extraordinariamente alta, asegurará la continuidad de la lucha. Si llegara a ser muy baja, nunca habrá “un día después”. El no-voto de los abstencionistas no lo contará nadie; ni siquiera ellos mismos.
Segundo, esos abstencionistas no entienden que la legitimidad moral o jurídica no es lo mismo que la acción política. Cierto es que la reforma es jurídicamente ilegítima. Por eso, la única alternativa frente a esa ilegitimidad no puede ser una declaración notarial, sino que un claro NO político; un NO que no se expresa como en las sociedades primitivas por simple aclamación, sino que de modo escrito: en un papel y votando. El NO será, en este caso, la protesta legítima frente a la ilegitimidad de la reforma.
Por último, el abstencionismo antipolítico. Es el más peligroso de todos. Pues amparada en la cada vez más débil voluntad abstencionista, ha cobrado vida en Venezuela una ultraderecha histérica, delirante y, no por último, tendencialmente golpista, que, como suele ocurrir en muchos casos, ha internalizado tanto la lógica como el lenguaje del “enemigo”. Esa ultraderecha tiene escasas vinculaciones con el pueblo y su poder de movilización es casi nulo. Pero sueña con una mítica insurrección de masas desbocadas en una protesta sin retorno que marcha hacia la inmolación colectiva, condición de una supuesta victoria, que surgirá como un Ave Fénix desde las cenizas del Apocalipsis total. En cierto modo, ellos representan la otra versión del chavismo dictatorial. Ellos son las “patriaomuerte”, o los “rodilla en tierra”, de un antichavismo ya mimetizado con el chavismo dictatorial. Y lo más peligroso de todo, es que esa derecha salvaje, está en condiciones de alterar - al igual que el chavismo dictatorial con el cual se encuentra inconscientemente comunicada- el difícil proceso de democratización que hoy tiene lugar en Venezuela. Esa derecha ha puesto, definitivamente, a la opción democrática entre dos fuegos.
Razón de más para que los abstencionistas demócratas se decidan, de una vez por todas, a votar NO.
Votando no hay nada que perder. No votando, los abstencionistas de hoy, deberán vivir arrepentidos para siempre.
5. En síntesis
Ganando o no, y aún con trampas, la oposición democrática alcanzará una votación alta en el referendo. Desde ahí crecerá más y más una oposición que integrará al chavismo democrático y social con los demás partidos democráticos de la nación. Conjuntamente a la rearticulación de la sociedad civil –que ocurre gracias sobre todo a la acción de los estudiantes, la disidencia chavista constitucional, los partidos democráticos y la Iglesia- ya se está formando en Venezuela un bloque político orgánico destinado a constituirse, en un breve plazo, en una alternativa republicana y democrática de poder que terminará por cerrar el momento militarista y dictatorial que hoy representan el Presidente Chávez y sus talibanes ideológicos.
http://www.analitica.com/va/politica/opinion/2355227.asp
23.11.07
Encuesta: disminuye la abstención, crece el NO!
(EL NACIONAL - Viernes 23 de Noviembre de 2007 Nación/4)
ENCUESTA La muestra indica que la abstención disminuyó
44,9% rechaza la reforma constitucional y 28,2% la apoya El Tracking Poll realizado por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos fue sólo en Caracas
CARLA NAVARRO
--------------------------------------------------------------------------------
De acuerdo con el último Tracking Poll, efectuado en Caracas el día 21 de noviembre por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos, se percibe un aumento en los indicadores, subió el nivel de conocimiento de la reforma y se experimentó un aumento en la disposición a votar. Según se indica, estas variables estimulan el crecimiento de la intención de voto por el No.
Se entrevistaron a personas mayores de 18 años de edad, residentes del Distrito Metropolitano, y a electores inscritos en el Registro Electoral.
Durante los días 17, 19 y 21 de noviembre se hicieron 100 entrevistas diarias. El nivel de confianza se calculó en 95%.
En la muestra, el grado de conocimiento sobre la reforma cambió en comparación a la primera medición –17 de noviembre–. La opción muy informado bajó de 9% a 8,5%, sin embargo, de 57,1% que dijo estar algo informado sobre la reforma, para la última medición, aumentó a 58,2%. La variable nada informado de 32,7% descendió a 31,3%. Es decir, esta modalidad descendió 5,9%.
A la pregunta, qué votaría si hoy fuese el referéndum aprobatorio, 28,2% dijo aprobar la propuesta del Presidente, en la medición anterior 29,5% la aprobaba. Por su parte, la cantidad de personas que rechazan la reforma se ubica en 44,9% de 42,2% que expresaban su apoyo para la primera medición. Esto demuestra que hubo un aumento de 5,2%. El margen de personas que se ubicaron en la opción de no sabe o no respondió es de 26,9%, en la medición anterior fue de 28,2%.
Sobre la interrogante quién ganará la reforma constitucional, 44,9% afirmó que la opción del Sí ganará el referéndum, en la encuesta anterior 48,7% consideraba lo mismo.
Estos datos se reflejan diferentes para los que están en contra del proyecto constitucional, pues sólo 23,1% cree que ganará el No, aunque en la medición anterior la cifra se ubicaba en 21,2%. La opción de no sabe o no respondió de 30,1% pasó a 32,1%.
Los indicadores de cuándo se debe realizar el referéndum fue más claro. 32, 5% cree que el 2 de diciembre, mientras que 60,9% cree que debe ser para el próximo año.
Las personas que definitivamente están dispuestas a votar son 45,2%, las que posiblemente votaría son 23,7%, mientras que puede que no vote 17,2%, y definitivamente no votaría se ubica en 11,8%.
ENCUESTA La muestra indica que la abstención disminuyó
44,9% rechaza la reforma constitucional y 28,2% la apoya El Tracking Poll realizado por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos fue sólo en Caracas
CARLA NAVARRO
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De acuerdo con el último Tracking Poll, efectuado en Caracas el día 21 de noviembre por el Instituto Venezolano de Análisis de Datos, se percibe un aumento en los indicadores, subió el nivel de conocimiento de la reforma y se experimentó un aumento en la disposición a votar. Según se indica, estas variables estimulan el crecimiento de la intención de voto por el No.
Se entrevistaron a personas mayores de 18 años de edad, residentes del Distrito Metropolitano, y a electores inscritos en el Registro Electoral.
Durante los días 17, 19 y 21 de noviembre se hicieron 100 entrevistas diarias. El nivel de confianza se calculó en 95%.
En la muestra, el grado de conocimiento sobre la reforma cambió en comparación a la primera medición –17 de noviembre–. La opción muy informado bajó de 9% a 8,5%, sin embargo, de 57,1% que dijo estar algo informado sobre la reforma, para la última medición, aumentó a 58,2%. La variable nada informado de 32,7% descendió a 31,3%. Es decir, esta modalidad descendió 5,9%.
A la pregunta, qué votaría si hoy fuese el referéndum aprobatorio, 28,2% dijo aprobar la propuesta del Presidente, en la medición anterior 29,5% la aprobaba. Por su parte, la cantidad de personas que rechazan la reforma se ubica en 44,9% de 42,2% que expresaban su apoyo para la primera medición. Esto demuestra que hubo un aumento de 5,2%. El margen de personas que se ubicaron en la opción de no sabe o no respondió es de 26,9%, en la medición anterior fue de 28,2%.
Sobre la interrogante quién ganará la reforma constitucional, 44,9% afirmó que la opción del Sí ganará el referéndum, en la encuesta anterior 48,7% consideraba lo mismo.
Estos datos se reflejan diferentes para los que están en contra del proyecto constitucional, pues sólo 23,1% cree que ganará el No, aunque en la medición anterior la cifra se ubicaba en 21,2%. La opción de no sabe o no respondió de 30,1% pasó a 32,1%.
Los indicadores de cuándo se debe realizar el referéndum fue más claro. 32, 5% cree que el 2 de diciembre, mientras que 60,9% cree que debe ser para el próximo año.
Las personas que definitivamente están dispuestas a votar son 45,2%, las que posiblemente votaría son 23,7%, mientras que puede que no vote 17,2%, y definitivamente no votaría se ubica en 11,8%.
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